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MÁS VIVIENDA EN MEDELLÍN
A través de una política pública de redensificación en lugares estratégicos podemos tener mejores barrios y una renovada oferta de vivienda en estratos 2 a 4.
Aquí les cuento cómo se puede lograr ⬇️
Vivienda para los medellinenses (4. La redensificación barrial)
elcolombiano.com/opinion/col…
Daniel Carvalho retweeted
MÁS VIVIENDA EN MEDELLÍN
A través de una política pública de redensificación en lugares estratégicos podemos tener mejores barrios y una renovada oferta de vivienda en estratos 2 a 4.
Aquí les cuento cómo se puede lograr ⬇️
Vivienda para los medellinenses (4. La redensificación barrial)
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1/ Lo que pasó en el Museo Nacional tiene un antecedente: la guerra cultural de Trump contra el Smithsonian y el Kennedy Center. El libreto es MUY similar. 🧵
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Nos va a matar (de pronto literalmente) esa idea de que el que gana las elecciones tiene derecho a remodelar el país a su imagen y semejanza, y los otros a llorar a la llorería.
Quieren reducir el debate a la figura de Carlos Pizarro porque es la más polémica, pero son incapaces de argumentar por qué escondieron las demás obras.
Se quedan en lo de “no apología al terrorismo” para no tener que reflexionar y rendir cuentas sobre todo lo demás.
¿Por qué quitar la séptima papeleta?
¿Por qué la obra de Caro?
¿Por qué la bandera LGBT o los afiches relativos a las violencias de género?
¿Por qué la prohibición de tomar fotos?
Muy buen hilo de @MariaPazGaviria para comprender la magnitud y lo absurdo de lo que hicieron en el Museo Nacional.
Se entiende que fue un capricho politiquero, una demostración de ignorancia e insensibilidad y una advertencia de lo poco que conocen y respetan la nación y la constitución.
1. Alrededor de 50 piezas–no hay un inventario–han sido retiradas de cuatro salas la muestra permanente del @museonacionalco posterior a una alocución presidencial sobre “la batalla cultural” que hasta ahora ha estado basada en un supuesto intento por eliminar el tono ideológico de los espacios culturales y se ha convertido en un acto de violencia simbólica a través de un discurso descuidado, acciones desordenadas y sin claridad sobre los criterios que deciden qué partes de la historia pueden seguir siendo vistas.
Va un hilo 🧵
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Nos unimos el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO), el Museo de Arte Moderno de Barranquilla (MAMB), el Museo de Arte Moderno de Cartagena, el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM), el Museo Rayo, y el Museo de Arte Moderno del Tolima para emitir una declaración conjunta sobre el retiro de obras del Museo Nacional de Colombia.
Tiene razón ⬇️
En esta sala no queda más na’, dijo Abelardo
Por: @salobeyer
En el segundo piso del Museo Nacional quedaron colgados los letreros. En la sala “Hacer sociedad” los muros grises conservan la sombra rectangular de lo que estuvo ahí, la red de luces que lo iluminaba, y una ficha técnica que le sigue explicando al visitante qué debería estar mirando.
“Esta sala presenta condiciones históricas de organización social y política del país. Hace referencia a procesos de convivencia, resistencia, y reivindicación. Relata casos relacionados con la manera como se ha tejido la sociedad en Colombia.” Y ya no hay diez obras de historia LGBTI y feminista que estaban el lunes.
Otra: “Reivindicación de Nación – De la Constitución de 1991 al Proceso de Paz de 2016.” En esa no queda nada de nada.
Una bandera del orgullo. Una revista. Un impreso sobre derechos reproductivos. Un afiche de la campaña presidencial de Bernardo Jaramillo Ossa, candidato de la UP asesinado en 1990 por grupos paramilitares en alianza con el Estado. Nada.
El Museo Nacional es el más antiguo del país, fundado en 1823, y funciona en el edificio que fue el Panóptico, una cárcel. Sirvió para encerrar gente, y después lo convertimos, juntos, en el lugar donde Colombia guarda lo que decidió recordar. Ayer volvió a su primer oficio.
Mientras el presidente Abelardo de la Espriella visitaba el Ministerio de Cultura para anunciar una “contrarrevolución cultural” y una lucha patriótica contra el wokismo, el secretario general del ministerio, Julián Sterling, llegaba al museo con la directora encargada. A La Silla Vacía en su reportaje fuentes internas que pidieron anonimato por miedo a represalias contaron que escogieron a dedo y a puerta cerrada las piezas que saldrían. Odas al terrorismo, dijeron.
Quisiera saber cuál de esas piezas disparó un fusil. En qué renglón del impreso sobre anticoncepción estaba la apología al terrorismo.
León Zuleta fue asesinado en Medellín en 1993 por ser quien era y por decirlo en voz alta en una ciudad donde eso costaba la vida. Treinta y tres años después, un gobierno lo vuelve a sacar de la historia, pero con destornillador.
Y Bernardo Jaramillo no fue victimario de nadie. Fue un candidato presidencial, y antes sindicalista, víctima de un exterminio por el que la Corte Interamericana condenó al Estado. Descolgar ese afiche bajo la bandera de la lucha contra el terrorismo deja ver la verdadera vara: el problema es cualquier memoria que le recuerde al Estado lo que hizo, y a quiénes dejó por fuera.
No es casualidad que también haya caído el muro de la Constitución del 91, con el tarjetón de la Séptima Papeleta y la pluma hecha con una bala con la que se firmó el Acuerdo de Paz. Ni que en “Memoria y Nación” se hayan desmontado casi todas las fotos del muro de la diversidad.
Esa, nuestra Constitución, es el texto que obliga al Estado a reconocer y proteger la diversidad étnica y cultural de Colombia, y que consagra que mujeres y hombres tienen, en papel, iguales derechos y oportunidades. Todo lo que las mujeres y la población LGBTI hemos conquistado en Colombia tiene ese muro como punto de partida, por lo que quitarlo el mismo día que la bandera del orgullo y el impreso de Sí Mujeres es coherencia ideológica, por más que la vistan de curaduría.
Los silencios en la historia no aparecen solos, dijo el antropólogo haitiano Michel-Rolph Trouillot. Alguien los produce, y uno de los momentos en los que se producen es cuando se arma el archivo, cuando alguien decide qué se exhibe y qué no.
En Colombia hemos aprendido esa lección a las malas. Las mujeres víctimas del conflicto, por ejemplo, tuvieron que recoger sus propios testimonios, casi mil en el informe La verdad de las mujeres de la Ruta Pacífica, porque nadie más los estaba buscando. Esa memoria, en vez de regalarse por algún gobierno, fue recogida a pulso por aquellas que soñaban con una Colombia en paz, y que ayer fueron sacadas del museo.
Admiran mucho a Estados Unidos y a Europa. ¡Tenemos un presidente con nacionalidad gringa e italiana, por Dios bendito! ¡Que sabe hablar inglés! Pero, entre todo lo que tienen esos países, lo más valioso es la memoria histórica, preservada cuidadosamente por manos bastante alejadas del poder presidencial.
Archivos de la Guerra Civil digitalizados, con opción de enviar copias en braille por correo, y con pistas en audio que los narran. Así aprenden ellos sobre esclavitud, la Confederación, sobre Lincoln y Davis. O, en Italia, el municipio de Riccione compró la villa de Mussolini para que no terminara en manos de “nostálgicos del fascismo”. Así aprendieron ellos que un estado es un custodio de la memoria; no un dueño.
No somos los únicos a quienes les intentan lavar el cerebro. En República Checa el gobierno de Peter Magyar, quien destronó al tirano Orbán, intentó cerrar la “Casa del Terror” hace un mes, un museo recordando las víctimas del totalitarismo. O, en Alemania, un concejo en Heidenau, liderado mayoritariamente por el AfD, prohibió las piedras de tropiezo, que honran a las víctimas del Holocausto en los lugares donde vivieron o trabajaron.
La tentación de meterle mano a la memoria no tiene ideología. Sí la tiene cualquiera que llegue al poder convencido de que la historia le pertenece.
El presidente dice que va a defender los valores, la tradición familiar y la identidad nacional. ¿De cuál identidad habla? Porque la nación que estaba colgada en esas paredes, la que yo conozco, también tiene lesbianas, mujeres que toman anticonceptivos, militantes de izquierda asesinados por pensar distinto, estudiantes que votaron con una papeleta que no existía. Esa también es la tradición de este país, y también es su familia, aunque no sea la que a él le guste para posar en la foto.
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La misión del Museo no es esa. Es reconocer la diversidad de relatos de una sociedad plural y compleja y contribuir a la construcción de la memoria colectiva. El Gobierno, en lugar de ampliar los relatos, los está recortando y seleccionando. ¿No era esa la crítica?
SOBRE EL MUSEO NACIONAL
El Museo Nacional es uno de los centros culturales más importantes del país. Es la primera institución de este tipo en Colombia y una de las más antiguas de América; cuyo propósito es reflejar el alma de la Nación.
El Museo Nacional, como parte del Estado, tiene el propósito de conservar, restaurar, proteger y socializar nuestra cultura. Su vocación institucional NO consiste en servir como instrumento de adoctrinamiento político, foco de difusión de versiones sesgadas de nuestra historia, ni mucho menos en medio multiplicador de la agenda gubernamental.
El Museo Nacional NO puede ser un espacio de apología al delito o revictimización, tiene que observar los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición.
El Museo Nacional es un espacio para todos los colombianos, que debe velar, entre otros, por los derechos fundamentales de los niños, que son prevalentes de acuerdo al artículo 44 de la Constitución, y, por tanto, debe protegerlos del acceso a material sensible.
La museología y la curaduría de los distintos espacios a cargo del Ministerio, están siendo evaluados y rediseñados para cumplir la misión de salvaguardar, investigar, conservar y difundir el patrimonio cultural, histórico y artístico de la Nación, sirviendo como espacios para la memoria, la identidad y la transformación social.
Daniel Carvalho retweeted
Es censura, no le busquen otro nombre. Ni apología al delito ni adoctrinamiento, censura.
La censura, y sobre todo la histórica y cultural que invisibliza a poblaciones minoritarias de especial protección y a hechos históricos, es una actitud claramente anti-democrática.
Gobierno De la Espriella ordenó desmontar más de 30 obras del Museo Nacional.
La Silla Vacía evidenció cómo fueron desmontados objetos alusivos al movimiento Lgtbi, el feminismo, la violencia política y el Acuerdo de Paz. Muros enteros quedaron desnudos.
lasillavacia.com/silla-nacio…
Terrible lo que hacen. El gobierno debe dar explicaciones, devolver las piezas a su lugar y promover un diálogo abierto al respecto. No tiene el derecho de borrar arbitrariamente la historia de Colombia.
Dijeron que la cultura no es para promover ideologías y es justamente lo que están haciendo. La Nación no se hace censurando y borrando sino incluyendo, comprendiendo y conversando.
En el Museo Nacional habrían sido retiradas múltiples obras y piezas de la sala "Hacer sociedad" y "De memoria". 👉ow.ly/gV1m50ZYoHE
Daniel Carvalho retweeted
Nos preocupa que en el @museonacionalco se hayan bajado algunas obras de la sala "Hacer sociedad", que hacen alusión a la lucha y los derechos de las personas LGBTIQ+ en Colombia, junto a material histórico que habla de los procesos de paz en nuestro país.
Daniel Carvalho retweeted
El valor de la cultura y el patrimonio está determinado por su significancia. Ese lugar lo define una comunidad, una sociedad, un país. Ningún dedo, por poderoso que sea, decide lo que es cultura. Eso es lo bonito: En la cultura la democracia es real
Daniel Carvalho retweeted
Repasemos las piezas que hoy censuró el Gobierno del Museo Nacional. Acá un mapa de una de las paredes borradas. 🏳️🌈🏳️⚧️♀️
Hilo sobre la gente y cosas que quieren borrar🧵👇
Daniel Carvalho retweeted
Que el fútbol es minoritario, que no da plata, que los equipos parasitan al Estado, que buena parte de los hinchas son gamines, que hagan sus canchas, que a jugar al atrio, que dejen cantar, que no solo de gramilla vive el hombre...
Es extraño el desprecio que se nota en muchos por un espacio social de años, una historia de ciudad, por la memoria y el goce de millones por un juego.
Con sus gritos a otro lado, dicen unos, hagan su estadio, dicen otros. Confunden los dueños de los clubes con la hinchada y la vida que se construye al rededor de un equipo, los titulares son muy distintos a los músicos que dan las buenas noches detrás de la última canción, lindo público, y chao...
Esa lógica vale, todos la gozamos pero no puede arrinconar al juego que anima a millones en sus casas, en las tiendas y esquinas, en bares y restaurantes ...
Nadie tararea los conciertos en las aceras. Los equipos están en las calles, muros, canchas de barrio, en el teléfono del celador…, el fútbol y sus hinchas cantan un estribillo que marca casi 80 años en Colombia, eso no se puede mirar por encima del hombro solo porque las boletas de los conciertos rinden más. Los artistas giran, los equipos quedan.
xitter.cf/oscaryamit/status/2110…
Daniel Carvalho retweeted
Rock al Parque nació de reconocer a los jóvenes como objeto de políticas públicas, de inclusión de sus expresiones culturales. Hoy también incluye a las familias, el sector turístico y todo tipo de sectores que beneficia.
Tan 'preocupados por la economía' y no lo ven.
La ocupación informal de las riberas de La Iguaná, como tantas otras quebradas de Medellín, es un proceso y un riesgo que lleva décadas sin atenderse.
Medellín ya sabía cómo enfrentar esos retos, el proyecto Juan Bobo tuvo impacto positivo y reconocimiento internacional, pero el modelo de intervención dejó de replicarse por desidia o vanidad.
La verdadera innovación en Medellín debe estar ahí, en la solución de los problemas cotidianos de la gente, por eso éramos reconocidos mundialmente.
De acuerdo con esto, el espectáculo electoral no está por encima de la Constitución.

































