Yo: El manga es una industria explotadora e insalubre. Los mangakas deberían poder descansar más
Yo cada vez que Oda se toma un break: Que chino hijo de puta vago del orto nunca agarrar la pala me voy a morir antes de que termine la historia
4-4, el peor regional de mi vida
Muchas gracias a
@NbaJulian
por el equipo 🔥🤙🏻
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Tete, IES Ramón Cid de Benicarló.
No contes milongues ni troles que sabem que saps la veritat.
L’Institut cau a trossos.
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¿Grabé a mi jefe? Por supuesto que sí.
De hecho, poco lo hice.
Comunicado del Consejo de redacción de Canal Red sobre las acusaciones vertidas por Sergio Gregori y su entorno
Frente a las acusaciones vertidas por Sergio Gregori y su entorno contra Canal Red, queremos manifestar lo siguiente:
En julio de 2024, Sergio Gregori demandó ante los tribunales a Canal Red y a uno de sus trabajadores, alegando una supuesta vulneración de sus derechos fundamentales, menoscabo de su dignidad y acoso moral. Ningún otro trabajador o extrabajador de este medio ha interpuesto jamás una demanda judicial contra la empresa.
Para sostener su acusación, Gregori aportó correos electrónicos, mensajes de chat y numerosas grabaciones de audio que él mismo había realizado a sus compañeros y responsables de forma subrepticia, sin el conocimiento ni el consentimiento de estos.
En la sentencia dictada el 31 de octubre del mismo año, la magistrada del Juzgado de lo Social número 15 de Madrid desestimó la totalidad de la demanda. El fallo judicial determinó que, pese a la ingente cantidad de grabaciones, audios y documentos aportados por el demandante, no se acreditaba ninguna vulneración de los derechos fundamentales de Sergio Gregori. La sentencia concluía además que no existía relación alguna entre sus problemas de salud mental y el trato recibido en la empresa.
La sentencia señaló explícitamente, como hechos probados, que Sergio Gregori recibió en todo momento un trato "correcto y amable" por parte de la empresa. Asimismo, el texto judicial constató en sus hechos probados que el demandante grabó a sus compañeros y jefes sin consentimiento —comenzando dichas grabaciones incluso antes de empezar la relación laboral, durante las reuniones previas a su contratación— y que llegó a manifestar a una compañera de trabajo su intención de forzar su propio despido.
Aunque Gregori presentó un recurso ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, el tribunal ratificó íntegramente la sentencia original. Finalmente, suponemos que persuadido por sus abogados, Sergio Gregori desistió de continuar pleiteando en los tribunales.
Tras finalizar una baja médica de más de un año, Gregori se reincorporó a Canal Red durante apenas unos días. Su salida definitiva se produjo tras acogerse a la cláusula de conciencia respecto a la línea editorial del canal —una prerrogativa a la que siempre se habría podido acoger—, y llegó a un acuerdo con Canal Red para la extinción de la relación laboral.
Canal Red evaluará con su equipo legal las declaraciones de Sergio Gregori o de su entorno que puedan resultar calumniosas, atenten contra el honor de cualquiera de nuestros compañeros o supongan una acusación falsa de delito contra los derechos de los trabajadores y llevará a cabo las correspondientes acciones legales.
Canal Red es un proyecto que se sostiene gracias al esfuerzo y la confianza de millares de socios que respaldan nuestra forma de hacer periodismo, y gracias también al compromiso de un equipo de profesionales que se identifican con las ideas y la forma de trabajar de Canal Red. Somos un medio modesto pero somos conscientes de que nuestro crecimiento y nuestra línea editorial nos sitúan bajo una lupa constante. Lo asumimos sin complejos, con absoluta transparencia y con orgullo.
Seguimos.
Consejo de redacción de Canal Red
diario-red.com/articulo/cana…
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El Tribunal Constitucional desde hace más de 40 años permite a los trabajadores grabar conversaciones en las que ÉL participe sin consentimiento de las otras partes.
Esto se debe a que hay situaciones ilegales de abuso difíciles de demostrar en un juicio.
rtve.es/play/videos/aq…
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Flipante cómo ayer hubo un señor que mató a su ex mujer en mitad de una plaza delante de todo el mundo, y lo hizo porque debería llevar AÑOS en la cárcel pero alguien decidió que no.
Luego, tienes esto.
Hoy han desahuciado a mi madre.
Hoy he visto cómo la comisión judicial entraba en la casa donde crecí.
La casa a la que mi madre se mudó cuando se casó.
La casa donde aprendí a caminar.
Donde celebramos cumpleaños.
Donde discutimos y nos reconciliamos.
La casa donde mi padre pasó sus últimos días de vida.
Hoy un cerrajero ha cambiado la cerradura de esa puerta.
La misma que abrí miles de veces sin imaginar que algún día ya no sería nuestra.
Hay algo profundamente frío en cómo el sistema convierte una vida entera en un trámite.
Siempre hablamos de los desahucios como cifras.
Miles al año. Decenas cada día.
Pero cuando te toca, deja de ser estadística.
Tiene recuerdos en los cajones.
Tiene marcas en la pared donde medías tu altura.
Mi madre es viuda. Jubilada.
No tiene un certificado oficial de “exclusión social”.
No aparece en ningún titular.
No cumple quizá todos los requisitos burocráticos para que el sistema la considere vulnerable.
Y, sin embargo, lo es.
Está en ese limbo donde no eres lo suficientemente pobre para que te protejan,
pero sí lo suficientemente frágil como para quedarte sin nada.
Si a mí no me hubiera ido bien, hoy estaría sin un techo.
Con la pensión embargada.
Con todo embargado.
Después de una vida entera trabajando.
¿Cómo puede ser que en un país que presume de bienestar la vivienda no sea protegida como un derecho fundamental real y efectivo?
No hablo de regalar casas.
Hablo de impedir que una persona mayor, viuda y jubilada pueda quedarse literalmente en la calle.
Hablo de entender que el hogar no es un activo financiero más.
Es el lugar donde una vida ocurre.
Yo he podido comprarle otro piso.
He podido amortiguar el golpe.
Pero eso no convierte el sistema en justo.
Solo convierte mi historia en una excepción afortunada.
Porque la diferencia entre estar protegido y estar en la calle no debería depender de si tu hijo ha tenido éxito.
Debería depender de si somos una sociedad que entiende que hay mínimos que no se negocian.
Hoy no solo han cambiado una cerradura.
Han confirmado que el derecho a la vivienda sigue siendo papel mojado cuando deja de cuadrar en una hoja de cálculo.
Y mientras eso siga siendo así, seguiremos llamando “normal” a algo que, si lo miramos de frente, es profundamente inhumano.
En qué mundo les sale bien mantener el discurso este de comerle los huevos a Israel a dos manos en este tema? Me parece loquísimo que no echen el freno ni un poco
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Replying to @martyrmade
If Israel are terrorists, then so are the U.S. They’ve committed the same acts.































