I know what you are.
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—No te disculpes. —Extendió la mano hacia Kei con la intención de darle una palmada de consuelo—. Perdón si yo soné brusco, sólo me sorprendieron tus palabras.
La siguiente pregunta le hizo adquirir una postura meditativa.
—Un par de veces, pero creo que no es posible tener
—Heh... ¿Y en qué intentabas distraerte?
De repente sintió curiosidad, aunque si ella decidía no decírselo también lo respetaría.
—He escuchado que sirve ponerse bolsas de té en los ojos para bajar las ojeras.
Y señaló sus propias bolsas oculares.
—Oi, ¿qué mentalidad es esa? —preguntó con una sonrisa nerviosa. Él estaba atravesando por el mismo temor, pero le gustaba mantener una mentalidad positiva.
En todo caso, si Kei le comentaba algo respecto a Haru posiblemente lo consideraría.
—Yojiro del 3-B... Creo quien necesita ir a los dormitorios es otra persona —comentó al verla bostezar.
Él, por su parte, se sentía despabilado tras esa breve siesta.
—Apenas es martes y se necesita de energía para terminar de la semana.
—¿Hm? ¿En serio?
No sabe si se refiere al dormir sobre una superficie dura o a qué específicamente. En cualquier caso puede que tuviera razón, le estaba empezando a molestar la espalda.
—Gracias por el consejo, ¿cómo te llamas?
—A mí también me agradas, Haru-chan —murmuró, dándole unas palmadas en la espalda, mismas que le hicieron erguir su cola en lo alto—. ¿Cómo han marchado las cosas en tu club, mh? —Esta vez se dirigió a Kei.
—No realmente... Esa era mi idea, pero me quedé dormido por accidente —respondió, rascándose la nuca—. ¿Nunca te ha ocurrido?
—¿Eh?
Al inicio él no comprendió de qué hablaba Kei, pero lo comprendió cuando sintió la cabeza de Haru chocar contra su pantorrilla.
—Ah, miren a quién tenemos aquí —dijo, agachándose a acariciar a la minina—. Buenas, Kei-kun.
El poder de la amistad de Airo se está volviendo más agudo.
Y tampoco es como si una persona de su tamaño se pudiera ocultar.
—Airo-chan, ¿qué tal?
En sus manos lleva una lata de comida para gatos y golpetea el metal con sus dedos.
—Psss... psss... Gatito.
Ladea la cabeza sin comprender la súbita distancia del presidente; dedice restarle importancia limpiándose el sudor de las palmas en su ropa.
—Él no hizo nada, pero hace tiempo que no le gasto una broma. —Es decir, Haru estaba a punto de ser víctima de la ociosidad de
—No soy más encantador que una tortuga. —Ríe, observando como su guante desaparece en manos de Iori.
Él no hallaba lo atractivo de ese pedazo de cuero, pero no quería cuestionarlo. Para Yojiro cada parte del uniforme era, en todo caso, funcional; y lo que es útil suele carecer


