Se colocó en cuclillas frente a la joven y tomó su mentón con delicadeza, obligándola a sostenerle la mirada.
"Dije que ladres."
Tiró de la correa, acercando aquella linda carita hacia ella.
"Pero nunca te di permiso para aferrarte a mí. ¿Acaso quieres que te castigue?"
Los monos no es que sean su animal favorito, pero ya ser pelones debe ser un castigo fuertísimo. Afortunadamente ella nunca ha visto uno… si llega a verlo se le ríe en la cara.
"Oh…"
Luego de remover sus caderas para restregar su trasero contra el muchacho, levantó la tela del vestido. Las bragas brillaron por su ausencia.
"Creo que me olvidé algo en casa."
Que ni siquiera dudara la cautivaba; de ahí que Tamayo quisiera premiarlo.
"Sigue así…"
Sus caderas se balancearon con deliberada lentitud, logrando que su entrepierna tuviera un contacto medianamente directo con él.
Tamayo tiró de la correa, enredándola con calma alrededor de su puño. Su sonrisa se ensanchó al contemplarla; lo adorable que Suki se veía parecía no tener nombre.
"Mmm… ¿me perdí tus bonitos ladridos? Sé buena. Ladra."
















