Tan claramente fue favorecido el América ante el Monterrey, que ni siquiera queda espacio para debate alguno en ese sentido, aunque se pretenda fabricar polémicas al respecto.
Sin embargo –y más allá de esos incomprensibles errores arbitrales–, lo increíble es que a raíz de ese mal arbitraje vuelvan a proliferar las voces que hablan de "la eterna ayuda de los árbitros para el América”, como si los "hombres de negro” no se equivocaran para todos por igual, como si el propio conjunto azulcrema no hubiera sido perjudicado muchas veces por esos errores.
¿Alguien se acuerda de aquella Final de diciembre de 2019, jugada en ese mismo Estadio Azteca ante el mismo adversario regiomontano?
Como en aquella ocasión, en muchas más ha sido perjudicado el América por el arbitraje, como por supuesto también en muchas otras ha sido beneficiado. Al igual que siempre han sido favorecidos o perjudicados los demás equipos.
Porque los errores arbitrales (reducidos pero no erradicados a partir del VAR), han sido y seguirán siendo inherentes a la propia labor que los árbitros realizan.
El problema surge cuando algunos de veras creen, o se empeñan en hacerles creer a los demás, que dichos errores son premeditados, que de antemano existen consignas para favorecer a determinados equipos o para perjudicar a otros.
Como recurrente mito en nuestro futbol, está el que pretende establecer que el máximo ganador de títulos lo ha sido por obra y gracia del arbitraje. Pero como insoslayable realidad, está la de un América que desde siempre ha sabido imponerse a sí mismo un nivel de exigencia más elevado que el de los demás equipos mexicanos.
Vende mucho el mito, pero sería bueno aceptar la realidad.
Sigue creciendo la posibilidad de reactivar el mecanismo del ascenso-descenso, indispensable en cualquier buena competencia que se precie de serlo.
Un asunto que el pasado lunes llegó al Senado de la República –porque es evidente que va mucho más allá del futbol–, donde formalmente empezaron a revisarse las consecuencias de anular el ascenso y el descenso en el futbol mexicano.
Desde la simple y convenenciera óptica de los dirigentes espantados con el tema, sin ascenso no hay descenso y viceversa, lo que resulta suficiente para proteger a sus mediocres equipos, en lugar de manejarlos adecuadamente para fortalecerlos.
Pero desde la perspectiva del balompié mexicano como un todo –y como negocio–, ese mecanismo de subir y bajar es primordial para que el nivel de nuestro futbol se eleve y a través de la competencia el producto se revalorice.
Si algunos no se mueven en función de la búsqueda del máximo premio, que por lo menos se muevan en función del miedo al peor castigo. Y que de paso dejen de destrozar los sueños de miles de jóvenes potenciales futbolistas de Primera División a quienes con total impunidad se les cierran los accesos en aras de proteger esas mediocres franquicias de unos cuantos amigos.
Con un poquito de conciencia social el asunto avanzaría, pero si los dirigentes no lo tienen, desde el Senado tratarán primero de convencerlos, y si no se puede, después obligarlos. Se ve difícil, pero estaría muy bien.
El lunes la Comisión Nacional Antimonopolio abrió una investigación por posibles prácticas monopólicas y anticompetitivas en el futbol mexicano profesional.
A través de un comunicado, la CNA anunció que "decidió iniciar esta investigación tras dar seguimiento puntual a hechos y conductas que podrían constituir prácticas monopólicas relativas”, manifestó que "el futbol tiene un gran impacto en la actividad económica del país”, y añadió que "reitera su compromiso de garantizar que los beneficios de la competencia sean tangibles para toda la población y que ningún mercado se vea afectado por conductas anticompetitivas”.
Todo esto como comprensible consecuencia –en realidad y sin ser abiertamente mencionado– de la insensata y arbitraria decisión de eliminar en nuestro futbol el elemental mecanismo ascenso-descenso.
Finalmente algunos se dieron cuenta de lo que la desaparición de dicho mecanismo afecta más allá del futbol, y por supuesto al futbol mismo, porque junto con la disminución del nivel de competencia baja el del espectáculo ofrecido, quedan dormidas potenciales plazas y se destrozan las ilusiones de miles de jóvenes que sueñan con llegar a Primera División, jóvenes que en esa sana búsqueda llevarían implícito el enorme beneficio aunque dicho sueño no se hiciera realidad.
¡Bienvenida la revisión de este asunto en las instancias y los lugares que correspondan!
