sí para evitar alejamiento. —Si no podemos vernos de modo presencial, existe la comunicación online. Podemos hacer videollamadas, ¿no?
condicionándolo a reaccionar así? Pues no le molesta: está justo donde quiere estar.
—Hablas como si me fuese a la guerra.— bromeó dulcemente, sus brazos ya encontrándose alrededor de cintura contraria. El enlace no es posesivo, más bien juguetón al apretar a la anguila contra
No ha escuchado sobre la... desafortunada relación entre Jade y las escobas, pero sí oye su primer comentario con alivio evidente. Este se intensifica al ser envuelto por aquella fragancia marina que, por instinto, hace a la cola esponjosa menearse alegremente.
¿Quizá estará
—No hagas eso.— pronuncia con severidad, siendo allí que preocupación queda expuesta al fijar esmeraldas sobre Jade. —Ya te esfuerzas demasiado... permíteme ser yo quien ponga su granito de arena para verte, ¿o crees que no te quiero lo suficiente como para encontrar la manera?
No posee la capacidad de ronronear, pero emite un gruñido con el mismo propósito: mostrar su satisfacción y comodidad.
—Estoy extrañándote por adelantado.— murmura, sonriente pese a no revelar esmeraldas bajo párpados. —Me llegó una carta, querido. Debo regresar a Royal Sword.
Pues frota la cabeza insistentemente contra su cuello y mofletes. Está marcando territorio o, mejor dicho, impregnándose a sí mismo del aroma impropio.
De más está mencionar que devoró el resto en tiempo récord, frotando su vientre con la diestra. Aah, nada podría ser mejor-.
—No es necesario que seas tan servicial, Jade... siento que te estoy molestando demasiado.
Qué estúpido es: la propuesta de una cita pasó desapercibida.
Entonces, separa un trocito con la cucharilla para servírselo. Ni siquiera necesita expresar sus sentimientos de forma verbal, pues Leech podrá observar cómo ambas orejas se alzaron tan pronto la tarta alcanzó papilas gustativas. "¡Está rico!" parecían decir.
cuestión de minutos. No obstante, comprende el esfuerzo de su preparación y, por sobretodo, quiere saborearlo al ser Jade quien lo hizo.
Por esto mismo es que rechaza sus disculpas con un suave cabeceo. —Son nimiedades que no afectan el sabor, así que está bien.
Su respuesta frente a la primera invitación es simplemente tararear, aunque comisuras también se han alzado un poco más. Tendrá que ponerlo a prueba en otra ocasión.
—Me estaba conteniendo... quiero ser un caballero.
Si fuese otra persona, el pastel habría desaparecido en
vocablos. Compensa este atrevimiento al frotar su mejilla contra una del menor, indispuesto con respecto a soltarle todavía.
Pero lo hace al final, ya que podría quebrarle algo a este paso. —Tu compañía satisface tal objetivo... pero agradezco el detalle. Seguro te quedó muy
Por favor... aún le es difícil comprender el sarcasmo, a diferencia de la sutil vergüenza que cubre mofletes adversos y, consecuentemente, ilumina propias facciones con una gran sonrisa colmilluda.
—¿Eres propenso al pudor?— pregunta, dejando que ápices de burla acompañen
frente con habitual ternura.
—Gracias... no debiste molestarte. Te serviré un pedazo.— dijo, mas la anguila no fue liberada. En cambio, aquella unión parecía estrecharse con cada segundo pasado.
Cómo que no... expresión corporal mostró desilusión inmediata, sus orejas gachas y cola estática acompañando a mueca tristona. Menos mal que se trataba de sarcasmo.
Dejó la tarta en una mesita cercana para que ambos brazos pudiesen rodear a Jade. Asimismo, dejó un beso sobre su
—¿Puedo?
Pues acepta la cajita con una mano, siendo su diestra encargada de revelar el contenido. ¡Una tarta de mango!
—¡¿Es para mí?!— cola meneaba a toda velocidad, así como brillaba su mirada frente al obsequio. —¿Por qué? ¿Hice algo?




