Cuando conozco a alguien no puedo evitar decirle que tuve cáncer. No sé por qué, es como mi dato de presentación. Hay gente que arranca contando de qué trabaja, yo arranco con “hola, sobreviví a un cáncer”.
Docente de Anatomía acaba de decir que existe el cáncer maligno y el cáncer benigno. Atónita, gurises. Vuelva a estudiar señor, por el amor a la salud pública.
Amo el chorizo con una pasión que mi sistema digestivo considera una amenaza. Cada vez que como, termino vomitando o cagándome encima. El cuerpo es un dispositivo represivo que no me deja ser feliz. Todo es tristeza.
No quiero que todo me deje una enseñanza, no quiero salir más fuerte, no quiero transformar el dolor en una oportunidad de crecimiento. Quiero estar bien, la buta madre.
Me preguntaron si estoy embarazada porque tengo panza de embarazo. Solo soy una gorda comebudines, no le atribuyan proyectos reproductivos a mi tejido adiposo.
Hoy estuve en cama todo el día, sin ganas de existir. Tenía que rendir y estuve a dos minutos de no ir. Leí 10 minutos en el bondi, fui y aprobé. Increíble la capacidad que tiene el cuerpo de funcionar por inercia cuando una ya había presentado la renuncia a la existencia.
Mi hermano me preguntó si todavía estaba de moda eso de farmear aura porque da clases en primaria y ahora, cuando se portan mal, les dice que les baja el aura. Se quedan todos en silencio y se portan bien. La pedagogía del siglo XXI.
“Recién llego al gimnasio y, ¿qué hago? Me siento en la máquina a tomar dos mates porque estuve al palo todo el día y quiero que no me rompa nadie las pelotas”: el video que compartió Mar Tarrés.