—¿Cómo se me podría pasar? ¡Jajaja!
Puede que para Flins un año más no tuviera mayor significancia, pero para Varka era un año más de la suya que podía celebrarlo a su lado, y eso era lo más importante para él.
Plantó un cariñoso y sonoro beso en la mejilla del lamparero, ›
‹ antes de mostrar una cajita aterciopelada frente a él.
—Para ti, mi querido Flins. De corazón, espero que te guste.
Dentro de la cajita le esperaba una piedra preciosa más que sumar a su colección, con la salvedad de que estaba hecha para ser llevada del cuello... Un ›
La noche había sido horrible para el Gran Maestro. Cuando tenía sed, simplemente le bastaba con beber alcohol, pero ¿qué cura albergaba para semejante calentura? No era solo su entrepierna — todo su cuerpo pedía un buen revolcón entre las sábanas, por lo que sus manos se ›
‹ movieron solas hacia los cabellos del fae, instándole a seguir y abarcarle con toda su boca... Una fuerza reprensora se escapaba a través de sus callosas yemas por haberle dejado en vela la noche anterior, una travesura por la que se tenía merecido un buen castigo. No se ›
Fae travieso... Si es que debió haberse anticipado a semejante complot contra su persona.
Sonríe en medio de su acaloramiento, parece que por fin podrá desfogarse de una vez. Así da gusto empezar la semana, con un buen par de nalgas feéricas entre manos y en boca sus labios.
Descuide. Solo es una travesura un poco inoportuna de uno de los suyos, jaja.
Que cuente con él, estará más que preparado.
Disculpe, Majestad. Me echaron estimulantes en la bebida y ahora la tengo más dura que la pata de Susto tieso.
#nv
—¿Justificante? Jaja... Soy el Gran Maestro, Flins. ¿Por qué necesitaría yo un justificante?
Una mano ha volado al muslo del soldado ratnik, como si la intrusa en sus pantalones hubiera apretado algún interruptor invisible de su exacerbada calentura.
—Será mejor que sea yo ›
—Podrías... Podrías simplemente...
Gasps. Los pálpitos le están matando.
—No puedo volver así al trabajo, jaja... ¿Qué dirán mis caballeros si me ven así?
Se deja caer en la cama, de vuelta a mirar fijamente al techo. Traicionado por su propio fae y pensando en meterle mano.
—¿Eh?
Se le han abierto los ojos de golpe. Eso sí que no se lo esperaba. De Lohen sí, ¿pero de Flins? Ouch.
—¿Por qué lo has hecho? No tengo tantos problemas para conciliar el sueño. Esto, en cambio...
Está a nada de empezar a frotarse cual animal en celo.
. . .
Tira de él y lo acuesta contra la cama. Tiene calor y sudores y en sus pantalones se puede montar una tienda de campaña muy tranquilamente.
—¿Me habéis echado algo en la bebida, verdad? Anoche...







