La artista japonesa Yayoi Kusama, reconocida por sus emblemáticos lunares, esculturas de calabazas e instalaciones inmersivas, murió a los 97 años
Cecilia Cárdenas retweeted
Todos hemos pasado frente a él. Muy pocos conocen la historia que guarda.
El edificio del Museo Nacional de Arte no fue construido como museo.
Inaugurado en 1911 para albergar el antiguo Palacio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, representaba la confianza de un país que apostaba por la modernidad. Su arquitectura reúne influencias renacentistas, barrocas y neoclásicas, mientras que en su interior trabajaron algunos de los mejores artistas y artesanos de la época.
Décadas después, el edificio cambió de función, pero no de propósito: seguir siendo un símbolo de la cultura mexicana.
A veces, la primera obra de arte de un museo no está colgada en sus muros. Es el edificio que la resguarda. @MUNALmx
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Roberto Montenegro demuestra que el muralismo mexicano fue mucho más extraño —y mucho más diverso— de lo que solemos recordar. Cuando pensamos en muralismo, aparecen casi automáticamente Rivera, Orozco y Siqueiros. Pero esa imagen deja fuera a artistas que exploraron otros caminos.
Muralismo fuera de la norma, en el Museo del Palacio de Bellas Artes, recupera la obra de Roberto Montenegro (1887–1968), un artista difícil de encasillar: modernista, simbolista, diseñador, ilustrador y muralista.
Montenegro participó en la construcción de una nueva cultura visual después de la Revolución, pero su lenguaje no se ajustó al modelo de muralismo político que terminó convirtiéndose en el relato dominante.
Su obra permite recordar algo fundamental: el arte mexicano del siglo XX no fue una sola corriente ni tuvo una sola manera de representar la identidad nacional.
📍 Museo del Palacio de Bellas Artes, CDMX
🎨 Muralismo fuera de la norma
Cecilia Cárdenas retweeted
Una lista de enemigos políticos puede parecer solo una lista. Hasta que alguien decide usarla.
No es una práctica nueva.
La Alemania nazi elaboró registros de opositores y los primeros perseguidos políticamente por el régimen fueron encarcelados sin juicio. La policía política soviética construyó expedientes sobre quienes consideraba “contrarrevolucionarios”. En Alemania Oriental, la Stasi acumuló millones de expedientes sobre ciudadanos y opositores. Y durante el macartismo, las listas negras destruyeron carreras de escritores, actores y directores acusados de tener vínculos con el comunismo.
Los mecanismos cambiaban, pero el principio era parecido: convertir una persona en un expediente. Un nombre, una fotografía, una afiliación, una dirección, una amistad, una opinión.
La información que inicialmente sirve para “identificar” a un adversario puede terminar utilizándose para vigilarlo, excluirlo, detenerlo o silenciarlo.
Y hay una consecuencia todavía más profunda: cuando una sociedad sabe que puede ser registrada por lo que piensa, muchas personas comienzan a autocensurarse antes de que nadie se los ordene.
La historia demuestra que el problema de una lista no está solamente en quién aparece en ella.
Está en quién la tiene, para qué la conserva y qué poder adquiere sobre las personas que contiene.
La memoria histórica también sirve para reconocer las primeras señales de una sociedad que empieza a considerar la discrepancia como una amenaza. Imágenes: los expedientes de la Stasi
Una lista de enemigos políticos puede parecer solo una lista. Hasta que alguien decide usarla.
No es una práctica nueva.
La Alemania nazi elaboró registros de opositores y los primeros perseguidos políticamente por el régimen fueron encarcelados sin juicio. La policía política soviética construyó expedientes sobre quienes consideraba “contrarrevolucionarios”. En Alemania Oriental, la Stasi acumuló millones de expedientes sobre ciudadanos y opositores. Y durante el macartismo, las listas negras destruyeron carreras de escritores, actores y directores acusados de tener vínculos con el comunismo.
Los mecanismos cambiaban, pero el principio era parecido: convertir una persona en un expediente. Un nombre, una fotografía, una afiliación, una dirección, una amistad, una opinión.
La información que inicialmente sirve para “identificar” a un adversario puede terminar utilizándose para vigilarlo, excluirlo, detenerlo o silenciarlo.
Y hay una consecuencia todavía más profunda: cuando una sociedad sabe que puede ser registrada por lo que piensa, muchas personas comienzan a autocensurarse antes de que nadie se los ordene.
La historia demuestra que el problema de una lista no está solamente en quién aparece en ella.
Está en quién la tiene, para qué la conserva y qué poder adquiere sobre las personas que contiene.
La memoria histórica también sirve para reconocer las primeras señales de una sociedad que empieza a considerar la discrepancia como una amenaza. Imágenes: los expedientes de la Stasi
Roberto Montenegro demuestra que el muralismo mexicano fue mucho más extraño —y mucho más diverso— de lo que solemos recordar. Cuando pensamos en muralismo, aparecen casi automáticamente Rivera, Orozco y Siqueiros. Pero esa imagen deja fuera a artistas que exploraron otros caminos.
Muralismo fuera de la norma, en el Museo del Palacio de Bellas Artes, recupera la obra de Roberto Montenegro (1887–1968), un artista difícil de encasillar: modernista, simbolista, diseñador, ilustrador y muralista.
Montenegro participó en la construcción de una nueva cultura visual después de la Revolución, pero su lenguaje no se ajustó al modelo de muralismo político que terminó convirtiéndose en el relato dominante.
Su obra permite recordar algo fundamental: el arte mexicano del siglo XX no fue una sola corriente ni tuvo una sola manera de representar la identidad nacional.
📍 Museo del Palacio de Bellas Artes, CDMX
🎨 Muralismo fuera de la norma
Si solo pudieras visitar una exposición esta semana en la CDMX, elegiría esta.
Dalí: Escenografía de un sueño reúne una faceta poco conocida de Salvador Dalí: su trabajo para el teatro, la ópera, el ballet y el cine.
Más allá de los relojes derretidos, la muestra permite descubrir cómo el artista llevó el surrealismo al diseño de vestuarios, escenografías y universos imaginarios que transformaron el escenario en una obra de arte.
Vale la pena porque no intenta explicar a Dalí desde sus pinturas más famosas, sino desde su capacidad para convertir cualquier espacio en un espectáculo.
Hay exposiciones que se visitan.
Y hay otras que se recorren como si entraras en la mente de un artista.
📍 Palacio de la Autonomía de la UNAM (Centro Histórico, junto al Templo Mayor).
Cada año se descubre una nueva parte de Tenochtitlan.
Y eso debería sorprendernos mucho menos de lo que creemos.
En febrero de este año, el Proyecto Templo Mayor dio a conocer nuevas ofrendas descubiertas junto al Huei Teocalli. Las ofrendas 186, 187 y 189 contenían 83 esculturas de estilo Mezcala, además de colgantes en forma de serpiente y otros objetos rituales, confirmando que formaban parte de una enorme ceremonia realizada durante el gobierno de Motecuhzoma Ilhuicamina (1440–1469). @INAHmx
Lo fascinante no es solo lo que apareció.
Es que esos objetos llevaban casi 560 años bajo nuestros pies, en el corazón de la Ciudad de México.
Mientras miles de personas caminaban sobre esa misma calle, la historia esperaba unos metros más abajo.
Tenochtitlan no es una ciudad perdida.
Es una ciudad que sigue apareciendo.
Todos hemos pasado frente a él. Muy pocos conocen la historia que guarda.
El edificio del Museo Nacional de Arte no fue construido como museo.
Inaugurado en 1911 para albergar el antiguo Palacio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, representaba la confianza de un país que apostaba por la modernidad. Su arquitectura reúne influencias renacentistas, barrocas y neoclásicas, mientras que en su interior trabajaron algunos de los mejores artistas y artesanos de la época.
Décadas después, el edificio cambió de función, pero no de propósito: seguir siendo un símbolo de la cultura mexicana.
A veces, la primera obra de arte de un museo no está colgada en sus muros. Es el edificio que la resguarda. @MUNALmx
El tiempo tiene una forma muy particular de mentir. Nos hizo creer que el mundo prehispánico estaba hecho de piedra desnuda. Pero las esculturas que hoy vemos grises alguna vez estuvieron cubiertas de colores brillantes. No eran ruinas silenciosas: formaban parte de templos, ceremonias y ciudades donde el color comunicaba poder, vida y divinidad.
Quizá la mayor restauración pendiente no sea devolverles el pigmento, sino devolvernos la capacidad de imaginarlas como realmente fueron.
El azul maya desafió al tiempo. Mientras muchos pigmentos antiguos desaparecieron con la humedad o la luz, el azul creado por las culturas mesoamericanas ha conservado su intensidad durante siglos. Su extraordinaria resistencia sigue siendo objeto de estudio y admiración.
Hay colores que son bellos. Y hay colores que desafían a la ciencia.
El azul maya fue desarrollado hace más de mil años mezclando un pigmento vegetal con un mineral llamado palygorskita. El resultado fue un color extraordinariamente resistente al calor, la humedad y muchos agentes químicos.
Mientras numerosos pigmentos antiguos desaparecieron con el tiempo, el azul maya sigue conservando buena parte de su intensidad.
Una innovación tecnológica creada en Mesoamérica mucho antes de la química moderna.
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Y en otras noticias les recomiendo la exposición del @FundacionJumex @MuseoJumex sobre el fútbol!
Y en otras noticias les recomiendo la exposición del @FundacionJumex @MuseoJumex sobre el fútbol!
#Temblor colonia del valle no se sintió pero si salimos todos
























