Un viejo templo acoge con su puerta derribada a una azabache decaída. Hace meses de la primera vez que puso en pie en este lugar, tanto que por más que rasque entre sus recuerdos, no saca una fecha concreta; sin embargo, su ubicación estaba grabada a fuego en su memoria.
Un /+
mierda. Sé, también, que me estás escuchando; nadie ha vuelto a este templo desde aquellos bandidos. —prensa sus labios, acomodando ambas manos sobre su propio regazo— Estoy perdida, contra las cuerdas, no sé ni quién soy ni. . . —vuelve a coger aire— Necesito ayuda, /+
Cierra sus ojos, coge una bocanada de aire con la se carga de paciencia y la libera en un pesado suspiro. La vibración desaparece de sus ojos, la ira es contenida.
— ¿Puedes entonces estar en todos lados, menos donde estoy yo? —mano herida alza— Creo que no es tan complicado.
Pellizca uno de los cristales clavados en su mano y tira de él, mientras la herida se extiende, apuntando hacia basha. La sangre se solidifica en el trazo, generando un proyectil sanguíneo que dispara contra la copa de la diosa.
— ¿¡Puedes dejar de estar en todos lados?!
La jarra de cristal en su mano se resquebraja hasta romperse y hacer sangrar su mano.
— Joder.
Gruñe, antes de sacudir su mano.
— Necesito un trapo.
— No soy mi abuelo, mucho menos mi madre y estoy segura de que sabes por qué no soy ellos. —su labio tiembla, como un perro rabioso, al contener lo que su cuerpo le pide a gritos— ¿De qué cojones me sirve imbuir mi arma con su puñetera energía si una mala mirada es /+
contraparte o a ti, estoy jodida. Te buscan a ti, por lo tanto saben de lo que los dos sois capaces.
Tira de su bolsa, lo justo para hacer ruido con su contenido. Sus labios se curvan con malicia, esbozando una peligrosa sonrisa.
— . . .tengo una terrible idea en mente, /+






