–Asintió ante esa pregunta.
Su puntería no era tan certera a lomos de un corcel pero seguía siendo mejor que la de la mayoría de la gente.–
¿Quién os enseñó a usarla?
Y podeis decir orgullosa que lo habéis conseguido, tía.
–Murmuró la joven con un suave brillo en los ojos como si un copo de nieve se tratase.
Para ella su tía era como un rayo de luz en una tormenta de nieve, mirarla a ella era saber que camino tomar.–
Bueno.
La lanza 》
Siento escuchar eso, querida tía.
–Dijo bajando la mirada avergonzada por la pregunta. Aunque al cambiar el tema la morena, Sophia asintió.–
Me encantaría. ¿Soléis usar el arco?









