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🇺🇸 | El 11 de septiembre de 2001, Stanley Praimnath, un ejecutivo guyanés de Fuji Bank, trabajaba en el piso 81 de la Torre Sur del World Trade Center. Tres pisos más arriba, en el 84, Brian Clark, un ejecutivo de Euro Brokers y voluntario de seguridad contra incendios, estaba en su oficina. No se conocían. Ambos estaban dentro de la zona que atravesaría el vuelo 175 de United Airlines.
Poco después de las 8:46, Praimnath vio bolas de fuego caer desde la Torre Norte. Pensando que algo grave había ocurrido, decidió evacuar la Torre Sur junto a varios compañeros. Bajó en ascensor hasta el lobby junto a ellos. Cuando estaban a punto de salir, un guardia de seguridad los detuvo y les dijo que la Torre Sur estaba segura y que regresaran a sus oficinas. Praimnath volvió a subir en ascensor hasta el piso 81. Allí, mientras hablaba por teléfono con una mujer de Chicago que también le decía que saliera, miró hacia la Estatua de la Libertad. Entonces vio un enorme avión gris acercándose directamente hacia él. Años después describiría aquella escena así: «Estaba a la altura de mis ojos. Era como si hubiera contacto visual». Alcanzó a distinguir la «U» de United en la cola. Praimnath soltó el teléfono y se lanzó debajo de su escritorio. El vuelo 175 atravesó la Torre Sur entre los pisos 77 y 85. La punta del ala llegó hasta la zona del piso 81 y el impacto destrozó la oficina de Praimnath, dejándolo atrapado bajo los escombros.
Tres pisos más arriba, el impacto también había destrozado la oficina de Clark. Cuando pudo levantarse, tomó la linterna que llevaba como voluntario de seguridad contra incendios y comenzó a bajar por la escalera A junto a seis compañeros. Al llegar al piso 81, se encontraron con una mujer que venía subiendo. Les advirtió que había demasiado humo y fuego en los pisos inferiores y que debían seguir subiendo para alejarse de las llamas. El grupo comenzó a debatir qué hacer. Clark escuchó entonces golpes y una voz que pedía ayuda dentro del piso 81. Agarró a su compañero Ron DiFrancesco y ambos entraron en el piso oscuro. Mientras se internaban entre los escombros, Clark vio que sus compañeros comenzaban a subir por la escalera. Ron avanzó con él durante unos instantes, pero el humo terminó obligándolo a regresar a la escalera. Clark continuó solo en busca de la voz. No había electricidad y el humo llenaba el lugar. La luz de su linterna avanzó entre los escombros hasta encontrar a un hombre atrapado.
Era Praimnath. Había conseguido arrastrarse por el piso destruido, pero un muro de yeso le impedía llegar hasta la escalera. Clark le pidió que golpeara la pared para saber dónde estaba. Luego encontró un escritorio volcado, se subió encima y le pidió a Praimnath que trepara por encima de la pared. Praimnath saltó. Clark consiguió sujetarlo y tiró de él hasta sacarlo. Los dos cayeron juntos entre los escombros. Praimnath abrazó al hombre que acababa de salvarle la vida y lo besó en la mejilla. Entonces se presentaron. «Soy Brian». «Soy Stanley. Seremos hermanos de por vida». Clark le contó que siempre había querido tener un hermano. En ese momento se fijó en que ambos tenían heridas en las manos. Clark juntó sus manos heridas y dijo: «De hecho, seremos hermanos de sangre». Después puso un brazo alrededor de los hombros de Praimnath y le dijo: «Vamos, amigo. Vámonos a casa».
Y comenzaron a bajar por la escalera A. El camino estaba oscuro, lleno de humo, agua y escombros. Clark avanzaba con su pequeña linterna mientras Praimnath, herido y cubierto de polvo, descendía piso tras piso. En algunos niveles podían ver las llamas al otro lado de las paredes. Bajaron unos 1.620 escalones hasta llegar al vestíbulo y finalmente salir del edificio. Cuando alcanzaron el exterior, faltaban apenas unos minutos para que la Torre Sur colapsara.
Stanley Praimnath y Brian Clark habían llegado aquella mañana al World Trade Center como dos desconocidos. El 11 de septiembre los convirtió en hermanos de sangre. Después de salir de la zona del World Trade Center, ambos se refugiaron durante unos 45 minutos en un edificio de Broadway. Allí tuvieron tiempo de conocerse un poco mejor. Praimnath le entregó a Clark una tarjeta de presentación. Clark la guardó en el bolsillo.
Después salieron nuevamente a la calle y, en medio de la multitud, se separaron. Clark buscó a Stanley, pero no podía encontrarlo. Durante unos instantes llegó a preguntarse si aquel hombre al que acababa de conocer había sido real. Entonces recordó la tarjeta que llevaba en el bolsillo. La sacó y comprobó que Stanley realmente existía. Con el tiempo volvieron a encontrarse y mantuvieron una amistad que continúa 25 años después. Clark asistió a las bodas de las hijas de Stanley, y los hijos de Stanley llaman a Brian «tío Brian». Siguen considerándose hermanos.
Los compañeros de Clark que habían decidido subir aquella mañana no sobrevivieron al derrumbe de la Torre Sur.
Un año después de los atentados, Brian Clark le entregó a Praimnath la pequeña linterna que había utilizado para encontrarlo entre los escombros. Hoy forma parte de la colección del 9/11 Memorial Museum.
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‼️ Warning: this content could be deeply sensitive and disturbing to view..
Some “so-called” New Yorkers may have overlooked 9/11, but genuine New Yorkers haven’t. As the 25th anniversary of 9/11 approaches, we should all remember what happened on that devastating day. Never Forget.
The Man Who Tried Climbing Down.
#911 This is a true account of a man (Frank Bennet Reisman) descending the exterior of the burning towers.. He was 41 during that horrific moment in history, and today he would have reached retirement age. 📿
In this extraordinary account, a man named Frank Reisman attempted to descend the exterior of the North tower on 9/11 to reach safety. What Frank tried on September 11, 2001, is a striking narrative that few people know. Listen to the complete story, why he chose to climb down to safety, and what occurred along the way.
🚨En 1986 lo echaron de TODOS los casinos de Las Vegas por contar cartas.
Así que se subió a un avión con 180.000 dólares y aterrizó en Hong Kong. Empezó a apostar a caballos.
Se fue con casi 900 millones.
Se llama Bill Benter.
Descubrió que las carreras de caballos no eran más que otro juego de conteo… solo que con más variables.
Llegó con un socio, 180k y una computadora.
Pasó años entrenándola para una sola cosa: calcular la probabilidad REAL de que cada caballo ganara.
Si su número era mejor que las cuotas del bookie → apostaba.
Si no → pasaba.
Esa es toda la “trampa”:
Valor esperado.
EV = p · b − (1 − p)
Solo apuestas cuando tu probabilidad de ganar (p) a esas cuotas (b) vale más que tu probabilidad de perder.
Esta clase nunca se grabó para hacerse viral.
Nadie pensaba que el profesor Tsitsiklis iba a soltar toda la base en 45 minutos en una pizarra.
Los alumnos de esa sala pagan más de 80.000 dólares al año por escucharlo.
Y aquí está gratis.
Todo quant, todo apostador profesional, todo analista de hedge fund empezó exactamente con esta hora.
Benter solo la vio… y realmente hizo la tarea.
Casi nadie sabe que esta conferencia existe.
Mírala antes de que la bajen.
La respuesta está en el video.
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#Madrid. El eclipse desde mi balcon. Increible!
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SUCCESS! Total Solar Eclipse 2026 from just outside the rural town of Duraton, Spain.
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Mi amiga @raquelmz3 ha logrado esta foto del eclipse. Sin palabras
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Absolutely insane solar eclipse, I took this video a couple minutes ago from Spain!



































