¿Un regalo entonces?
— No entendía la admiración que sentía por alguien que debía arrebatarle la vida, ni por esa espada llameante que le robaba el aliento. Era una obsesión irracional, más fuerte que el miedo a quien ya le había dado muerte.
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Esa contradicción era lo único que le hacía sentir viva.
Retrocedió un paso para hablar, pero el golpe llegó primero.
Sin poder esquivarlo, luchó por mantenerse en pie. Se tocó la mejilla herida y,
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Madre, voy a decirte algo, pero no chilles, por favor. Thrym ha encerrado a Loki.
— Tapándose los oídos. —
— Apretaría aún más los párpados al escuchar el acero resonar con la vaina, aunque enseguida los abriría al no notar el calor abrasante de sus llamas.
Pese a que sus pies y rodillas chocaron contra el suelo, las manos detendrían la caída,
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como si su cuerpo se hubiera acostumbrado a ese trato. —
¿Una maldición? Para ti, supongo.
— Mientras se acariciaba la garganta y recuperada el aliento, dirigió la mirada a la espada apoyada en el suelo. Segundos después de que él la invitara a marcharse,
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