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🔴 Cada semana los Servicios de Urgencias de los hospitales de las principales ciudades reciben pacientes sin ningún vínculo con España que han sido diagnosticados de una enfermedad grave en sus país y que directamente desde el aeropuerto cogen un taxi o solicitan una ambulancia.
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🔴 GRABA EN DIRECTO DESPUÉS DEL ACCIDENTE DE TREN DE TOLEDO
Las imágenes son brutales, me quedo sin palabras.
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Todos los días nos cruzamos con cientos de personas de las que no sabemos absolutamente nada. Un segundo. Una mirada. Una sonrisa. Y seguimos caminando.
Una mujer que acaba de perder a su madre sale a comprar el pan intentando contener las lágrimas. Todavía no sabe cómo acostumbrarse a vivir sin ella. Esa es su cruz.
Un chaval al que sus compañeros hacen la vida imposible en el colegio baja la mirada y finge que no le importa. Cada mañana le cuesta un poco más entrar por aquella puerta. Esa es su cruz.
Una joven que lleva meses buscando trabajo sonríe cuando alguien le pregunta cómo le va la vida. Responde que todo bien, aunque por dentro siente que se está quedando atrás. Esa es su cruz.
Un chico que ha visto cómo la chica de la que estaba enamorado se ha empezado a salir con uno de sus amigos. Los ve felices, sonríe cuando están delante y les desea lo mejor. Pero cuando llega a casa, llora por lo que nunca pudo ser. Esa es su cruz.
Una chica que tiene muchos conocidos, pero que se siente profundamente sola. Que mira el móvil esperando un mensaje que nunca llega. Que se acuesta temprano porque hay días en los que dormir es la única forma de dejar de pensar. Esa es su cruz.
Un hombre que lleva meses luchando contra la ansiedad. Que sale a trabajar y cumple con sus obligaciones mientras por dentro libra una batalla que nadie conoce. Esa es su cruz.
Miles de personas. Miles de historias. Miles de cruces invisibles.
Porque nadie lleva escrito en la frente cuánto está sufriendo. Nadie anuncia que anoche lloró hasta quedarse dormido. Que lleva semanas sintiéndose solo. Que echa de menos a alguien. Que está perdiendo la esperanza.
Y, sin embargo, seguimos caminando. Fingiendo que todo está bien. Sonriendo por educación. Respondiendo «bien, ¿y tú?» cuando alguien nos pregunta cómo estamos.
A veces olvidamos que detrás de cada rostro hay una historia que desconocemos. Que esa persona que hoy apenas ha hablado quizá está haciendo un esfuerzo enorme por no derrumbarse.
En el Evangelio de hoy, Jesús nos recuerda los dos mandamientos más importantes: amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a nosotros mismos.
Y quizá deberíamos preguntarnos más a menudo qué significa realmente amar al prójimo.
Porque amar al prójimo no consiste únicamente en hacer grandes sacrificios. También es acordarse de quien está solo. Escuchar a quien necesita desahogarse. Tener paciencia con quien está atravesando un mal momento. Preocuparse por alguien sin esperar nada a cambio.
Es comprender que Dios también nos llama a través de las personas que pone en nuestro camino.
Por eso, sé amable.
Y, sobre todo, no te olvides de ese amigo que sabes que no está pasando por su mejor momento.
Escríbele. Pregúntale cómo está. Dile que te has acordado de él. Invítale a tomar un café. Hazle saber que no está solo.
Aunque no te haya escrito primero. Aunque siempre te diga que está bien. Aunque creas que tiene a muchas otras personas con las que hablar.
Porque quizá lleva todo el día mirando el móvil esperando que alguien se acuerde de él. Quizá tu mensaje sea la única ilusión que tenga hoy. Quizá esas pocas palabras le devuelvan, aunque sea por un instante, las ganas de sonreír.
No hace falta que tengas la solución a sus problemas. A veces basta con estar. Con escuchar. Con hacer sentir a alguien que su vida importa.
Amar a Dios también significa aprender a reconocerlo en el rostro de quienes sufren. En ese amigo que se ha quedado solo. En esa persona que sonríe mientras por dentro se está rompiendo. En aquel que necesita ayuda, pero no se atreve a pedirla.
Porque no tiene sentido decir que amamos a Dios si después somos incapaces de detenernos ante el sufrimiento de nuestro hermano.
Cristo no nos pidió que amáramos solamente a quienes nos quieren, a quienes nos escriben primero o a quienes hacen nuestra vida más fácil.
Nos pidió que amáramos al prójimo. Sin condiciones.
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El Estado es una arquitectura jurídica. La nación, una realidad histórica.
El Estado se decreta; la nación se hereda. El Estado administra, si no corrompe, el presente; la nación enlaza a los muertos, a los vivos y a los que todavía han de venir. Por eso España no es un Gobierno, ni un Parlamento, ni una suma de intereses. España es una unidad de destino en la Historia.
Despierta, España.
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Como ceutí que padezco y sufro tanto la invasión marroquí de mi ciudad como el abandono del Gobierno de Pedro Sánchez, quiero pediros desde este pequeño altavoz al resto de españoles que mañana salgáis a concentraros en defensa de Ceuta y en defensa de la integridad territorial de España.
Pueblos, ciudades, pedanías…me da igual. Me da igual si vas a ser el único que se concentre en tu pueblo. Hazlo. Incluso el apoyo de UN sólo español en cualquier punto de España se sentirá aquí como cuando te extienden una mano al borde del acantilado.
Mañana a las 20:00. En cada rincón de España con tu bandera de Ceuta, con tu bandera de España.
Ceuta siempre ha cumplido con España. Ahora le toca a España cumplir con Ceuta.
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Vacaciones de verano en Galicia
Desconozco autor
La gente cuando piensa en vacaciones de verano se imagina el Caribe: sol, palmeras, mojitos, calorcito, agua templada y una hamaca.
Pues muy bien.
Luego vienes a Galicia y descubres el Caribe celta, donde las palmeras existen, sí… pero están agarradas al suelo con depresión, porque el nordés les pega unas bofetadas que parecen ventiladores industriales puestos por el demonio.
Aquí no vienes a ponerte moreno.
Aquí vienes a negociar con la meteorología.
Porque en Galicia el verano no es una estación. Es un rumor.
Un día aparece el sol y todo el mundo se vuelve loco.
—¡Salió el sol! ¡Rápido! ¡A la playa! ¡Cancela la boda, deja al niño en casa de la abuela y arranca el coche!
Porque aquí un día de sol no se disfruta. Se caza.
Tú ves un rayo de sol entrando por la ventana y reaccionas como si hubieras visto al Espíritu Santo bajando por la persiana.
—¡María, mete la tortilla en el táper! ¡Niño, ponte el bañador! ¡Abuelo, no preguntes, sube al coche!
Y sales hacia la playa con la ilusión de Benidorm.
Pero claro, esto es Galicia.
Llegas a la playa, extiendes la toalla, te quitas la camiseta, te pones crema… y en ese momento el cielo dice:
—Qué bonito todo. Sería una pena… que entrara una niebla de Mordor.
Y de repente no ves ni al de al lado.
En Galicia tú no pierdes a los niños en la playa porque se vayan lejos. Los pierdes porque aparece una bruma que parece un capítulo de misterio sin presupuesto.
—¡Kevin!
—¡Papá!
—¿Dónde estás?
—¡A dos metros!
—¡No te veo!
—¡Yo tampoco!
Y encima siempre hay un gallego tranquilo diciendo:
—Esto abre ahora.
¡Esto no abre ahora, Manolo! ¡Esto parece Silent Hill con gaviotas!
Y luego está el agua.
El Atlántico gallego.
Eso no es mar.
Eso es una terapia de choque sin consentimiento.
Tú no entras al agua. Tú te presentas voluntario a un experimento.
Metes un pie y tu cuerpo manda un email urgente al cerebro:
“Estimado usuario: se ha detectado una temperatura incompatible con la vida. Procedemos a encogerlo todo.”
En Málaga te metes en el mar y dices:
—Qué gustito.
En Galicia te metes y dices:
—¡Madre de Dios, perdóname por todo!
El agua gallega no refresca. Te borra pecados.
Sales de allí más puro, más blanco y con la voz dos tonos más alta.
Y siempre está el típico gallego metido hasta el cuello diciendo:
—Está buenísima.
¡Claro que está buenísima! ¡Para conservar merluza hasta 2037!
Ese señor no es humano. Ese señor es percebe con DNI.
Pero lo mejor es que, después de congelarte como una croqueta, sales del agua y dices:
—Qué maravilla.
Porque Galicia tiene ese veneno.
Te maltrata con cariño.
Te empapa, te congela, te despeina, te mete arena hasta en el alma… y tú vas y te enamoras.
Porque Galicia es tóxica, pero con marisco.
Y hablando de marisco: aquí la dieta de verano no existe.
En Galicia tú llegas diciendo:
—Voy a cuidarme.
Ja.
JA.
A los tres días tienes el colesterol levantando bandera blanca y el estómago mandando cartas de agradecimiento al Parlamento gallego.
Porque aquí no se come. Aquí se rinde homenaje a la vida.
Empanada, pulpo, churrasco, lacón, pimientos de Padrón, navajas, mejillones, tortilla, pan de Cea, queso, filloas, tarta de Santiago…
¡Y todo “para picar”!
En Galicia te dicen:
—Vamos a tomar algo ligero.
Y aparece una mesa que parece el inventario de un barco mercante.
—Un poco de pulpo, una empanadita, unos calamares, unas zamburiñas, unos pimientos, una tortilla, unas croquetas, un choricito…
¿Ligero?
¡Ligero es el aire, señora! ¡Esto es un secuestro gastronómico!
Y los pimientos de Padrón son el casino nacional.
“Unos pican y otros no.”
Eso no es comida. Eso es jugarte la dignidad delante de tu familia.
Coges uno con seguridad.
—Bah, yo aguanto bien el picante.
Muerdes.
Y en medio segundo estás viendo a Rosalía de Castro montada en un dragón.
Empiezas a sudar por zonas del cuerpo que no sabías que tenían poros.
—¿Pica?
—No, no… está rico.
Mentira.
Estás muriendo por dentro…
Galicia
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🇪🇸 El Ayuntamiento de Ciudad Real se suma a la convocatoria de la FEMP con motivo del Día de Ceuta.
📅 2 de septiembre
🕗 20:00 h
📍 Plaza Mayor
Invitamos a toda la ciudadanía a participar en esta concentración como muestra de solidaridad y apoyo con Ceuta.
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Como suele pasar nadie se ha leído nada de cómo preparar el eclipse y no paran de llegar preguntas del tipo "¿Cómo crees que se verá desde...?"... 🙄
Estas cosas no se creen, se saben al segundo. Meted vuestra localidad aquí!!!! infografía detallada 👇👇 share.google/uA47cBpg4dLp0MF…
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🚨 Un testimonio que muchos han pasado por alto.
En un reportaje de RTP Notícias, una periodista preguntó a varios de los retornados quién les informó de que el paso de Ceuta estaba abierto.
Uno respondió:
“España … Páginas españolas que aparecieron de repente en nuestros teléfonos...”
Este testimonio plantea preguntas que merecen una investigación:
❓ ¿Qué páginas eran?
❓ ¿Quién estaba detrás?
❓ ¿Cómo llegaron a los teléfonos de jóvenes en Marruecos?
❓ ¿Se utilizaron campañas pagadas o geotargeting para difundir esos mensajes?
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No, no lo estáis soñando.
¡QUE SOMOS CAMPEONES DEL MUNDO OTRA VEZ!
#VamosEspaña | #CopaMundialFIFA
yo te lo explico tranquilo
no creo en conspiraciones de las élites en Davos planeando amargarnos el desayuno. soy más de navaja de hanlon y de emergencia sistémica: tenemos un sistema burocrático que ha alcanzado tal nivel de disfuncionalidad orgánica que solo sabe generar micro-fricciones para justificar su propia existencia
pero lo que de verdad da vértigo es el mensaje subyacente. el tapón atado es la materialización del nanny state. es el Estado asumiendo por defecto que eres retrasado
en lugar de sostener una 'high-trust society' basada en la libertad individual, la educación y la responsabilidad, el sistema claudica. y claudica porque sabe
perfectamente que esa cohesión cívica está rota. Y está rota en gran parte, porque llevamos años diluyendo la población con gente que ha sido educada fuera de nuestros estándares cívicos y de convivencia
como el Estado asume que ya no puede confiar en que tires el puto tapón a la papelera por civismo, te lo ancla físicamente a la botella. te trata como a un niño de tres años con un vaso antigoteo. el sistema te impone una restricción mecánica a ti porque ha fracasado en su tarea de mantener un estándar civilizatorio en la población general
y no solo te lo impone, sino que encima lo hace mal y de forma estúpida
me llena de una pena inmensa ver cómo la gente no solo traga con esta basura, sino que encima se enorgullece de defenderla
nos estamos acostumbrando a asimilar la decadencia. nos acostumbramos a tolerar la estupidez en lo pequeño, el tapón que estorba, la pajita que de cartón que se deshace, el termostato capado por decreto en plena ola de calor causando pérdidas mayores que las que pretenden mitigar
el problema es que cuando tu cerebro asimila que es "normal" que los objetos cotidianos dejen de cumplir su función básica, terminas asumiendo como "normal" que la red de Cercanías se caiga a trozos cada martes, que esperes meses para que te atienda un especialista o que te confisquen medio sueldo para recibir servicios del tercer mundo
si toleras y justificas que te traten como a un inútil incapaz de reciclar un trozo de plástico, acabarás tragando con la incompetencia absoluta de las
instituciones en todo lo demás
el colapso de la democracia liberal no llega con una explosión ni con tanques en las calles. llega el día en que la población se convence a sí misma de que es normal beber de una pajita de cartón
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¡Vemos por primera vez la torre de Jesucristo iluminada!
El espectáculo de luz iniciado desde la base hasta la iluminación de la cruz ha culminado con una composición de luces guiadas por drones, que han dibujado la figura de Gaudí y la frase «primero el amor, después la técnica».
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Reunión de padres.
Instituto público.
18:30.
Aula de tecnología.
Sillas incómodas.
Proyector que tarda más en encenderse que un adolescente un lunes.
Tema del día:
“Móviles y redes sociales en menores.”
La directora empieza:
—Estamos viendo más conflictos por grupos de WhatsApp, vídeos grabados en clase y cuentas falsas de Instagram.
Una madre levanta la mano.
—Yo lo tengo clarísimo. Hay que prohibir los móviles.
El padre de al lado asiente.
—Totalmente. Los niños están enganchados.
Todos muy firmes.
Muy responsables.
Muy “esto antes no pasaba”.
Hasta que suena un móvil.
El de la madre.
Lo coge.
Mira la pantalla.
Sonríe.
—Perdón, es mi hija.
La directora espera.
—Tiene 11 años.
—¿Y tiene móvil?
—Sí, pero solo para emergencias.
Emergencias.
Claro.
En la pantalla se ve el mensaje:
“Mamá, me das Robux?”
Emergencia humanitaria.
Nivel ONU.
La directora sigue:
—El problema no es solo el móvil. Es el uso sin control.
Otro padre interviene:
—Mi hijo no está enganchado. Solo ve vídeos para desconectar.
—¿Cuánto tiempo?
—No sé. Dos horitas.
—¿Al día?
—Bueno, entre semana. El finde más, porque se aburre.
Se aburre.
La gran tragedia moderna.
Antes un niño se aburría y acababa inventando una portería con dos mochilas.
Ahora se aburre y le entregamos un casino de dopamina con funda azul.
La tutora enseña varios casos.
Insultos en grupos.
Fotos sin permiso.
Burlas.
Audios.
Niños de 12 años hablando como adultos quemados por internet.
Una madre se indigna:
—Pero eso es culpa de las plataformas.
Sí.
De las plataformas.
Y de los algoritmos.
Y de China.
Y de Silicon Valley.
Y del capitalismo.
Todo menos de quien le compró un smartphone de 900€ a un niño que todavía pierde la chaqueta en educación física.
Entonces la directora dice:
—Proponemos que no traigan móvil al centro.
Silencio.
Del espeso.
Del que huele a contradicción.
La misma madre que pedía prohibición se echa hacia atrás.
—Bueno, tampoco nos pongamos extremos.
—¿Por qué?
—Porque yo necesito saber dónde está mi hija.
—Está en el instituto.
—Ya, pero necesito escribirle.
—¿Durante clase?
—Solo si es importante.
—¿Como los Robux?
Otro silencio.
Más bonito.
Más pedagógico.
El padre de las “dos horitas” se cruza de brazos.
—Prohibir no educa.
Ah.
La frase comodín.
“Prohibir no educa.”
Curioso.
Porque en casa tampoco educa nadie.
Solo cargan el móvil, pagan los datos y luego culpan al profesor cuando el niño no atiende.
La reunión termina.
Todos salen hablando de límites.
De salud mental.
De infancia robada.
De que “algo hay que hacer”.
En la puerta, la hija de la madre espera sentada en el suelo.
11 años.
Móvil en la mano.
TikTok abierto.
Auriculares.
Ni mira cuando su madre llega.
—Cariño, vámonos.
Nada.
—Cariño.
Nada.
La madre suspira.
—Es que está en una edad difícil.
No.
Está en una pantalla fácil.
Y ahí está el problema.
No son solo los móviles.
No son solo las redes.
No son solo los colegios.
El problema son adultos que quieren que el Estado prohíba lo que ellos no se atreven a limitar en casa.
Padres que piden mano dura en las reuniones…
y luego negocian con un niño de 11 años como si fuera un sindicato con abogado.
Resumen:
Quieres prohibir TikTok.
Perfecto.
Pero empieza por no usarlo como niñera.
Porque si tu hijo no puede cenar, esperar, aburrirse o mirar por la ventana sin una pantalla…
igual el algoritmo no entró en tu casa.
Igual lo invitaste tú.































