Menos mal que las confesiones son totalmente privadas. —Bendito cabecero de la cama. Dios será gilipollas pero hizo una a derechas cuando dió vida a la mujer que tiene frente a él, lo más bueno de la creación sin duda.— Algo me dice que por una vez voy a pagar mucho y con gusto.
Vaya, vaya, chica. ¿Cómo he sobrevivido cinco años sin esa cabecita pecadora tan imaginativa tuya? —Enarcó una ceja propinandole una buena calada al cigarrillo.— ¿Sabes cuanto pagaría un novato del FBI por ponerme esas esposas? Hmn.