Nunca me interesaron los finales felices.
Me interesa sentir, aunque sentir me desmienta, me desarme o me obligue a mirar de frente mis propias contradicciones.
No he venido a esta vida a salir ilesa, sino a evitar que, de tanto sobrevivir, termine incapaz de sentir.
Prefiero al escritor que enloquece por una sola musa y hace de ella su manicomio, aunque jamás encuentre la salida. Lo demás es turismo literario, una musa por escrito, todas convertidas en excepcionales por la misma pluma. La eternidad sale barata cuando se reparte entre tantas.
Hubo un tiempo en que me aferraba a lo que me soltaba, esperaba a quien disfrutaba de ser ausencia y amaba a quien me quería porque su orgullo no soportaba saberse fuera de mi vida... Hubo un tiempo. Luego entendí que algunas personas no aman: administran su lugar en tu corazón.
En mí no hay término medio. Soy ternura hasta el exceso o frialdad hasta el hueso. Cuando algo me importa, lo siento con una intensidad que no sé domar; cuando deja de importarme, no sé fingir que queda algo que salvar. No sé querer a medias. Ni resucitar lo que ya no siento.




















