Intenta hacer cosas que te obliguen a dar un poco más de ti, pero asegúrate de que sean metas que sí puedas cumplir con esfuerzo.
𝐑𝐄𝐂𝐎𝐍𝐎𝐂𝐄𝐑, 𝐄𝐒 𝐃𝐄 𝐇𝐔𝐌𝐈𝐋𝐃𝐄𝐒
¿QUÉ ES MÁS IMPORTANTE PARA TI: TENER LA RAZÓN O RECONOCER LA VERDAD?
Estamos en tiempos donde mantener una imagen vale más que aceptar los errores.
Hoy quiero invitarte a mirar tu corazón con sinceridad y preguntarte: ¿Tienes la humildad de David para reconocer tus errores o estás permitiendo que el orgullo hable más fuerte que la verdad?
Prepárate para leer esta reflexión, porque a veces la palabra más difícil de pronunciar es precisamente la que más necesitamos decir: ¡RECONOZCO, ME EQUIVOQUÉ!
¿Qué hacemos cuando nos hacen ver las cosas?
¿Cómo reaccionas?
¿Cuál es tu actitud delante de esa persona que te ha hecho ver tu error?
¿Cómo actúas?
¡Qué duro es, ¿verdad?!
Qué difícil es reconocer cuando de por medio hay un orgullo disfrazado de liderazgo y autoridad.
Qué difícil es cuando te toca bajar la cabeza y decir: «Tiene razón».
Reconocer es admitir que es verdad lo que me dicen.
¡Cuántos defienden mejor su imagen negando la verdad! Incapaces de reconocer que fueron ellos, mienten sin importarles nada.
¡Cuántas mentiras se dicen hoy, simplemente por no tener la humildad de reconocer!
¿Cuántas parejas se han destruido porque uno de los dos no cedió para reconocer su error?
¿Cuántos líderes han preferido enemistarse con otros antes que reconocer sus fallas?
Aclaro lo siguiente: no hablo de reconocer acusaciones falsas. Hablo de las fallas, los pecados, los tratos y las acciones que cometimos y que no somos capaces de reconocer por orgullo.
El orgullo te obliga a no humillarte.
Te pone la cerviz rígida.
Te hace imposible decir:
«Yo fui». «Tienes razón».
«Yo fallé». «Yo pequé».
«Yo hablé». «Yo lo tomé».
«Yo le pegué». «Yo fui quien lo hizo».
Estas palabras ya casi no se escuchan hoy en día.
Pero…
David nos muestra un claro ejemplo de humildad al aceptar su pecado y decir: «Pequé contra Jehová».
Hoy somos diferentes: somos arrogantes, temperamentales y orgullosos. Por más verdad que nos muestren, mantenemos la frente erguida, negándonos a reconocer que hemos fallado.
Pero reconocer nuestro estado trae perdón.
Trae una oportunidad de restauración.
Trae paz al corazón.
Trae liberación al alma.
Trae alivio, y esa carga pesada deja de estar en nuestra vida.
A Dios le agrada el hombre que se humilla y reconoce que ha fallado, porque Él se complace en perdonar y levantar.
Soltemos las fachadas y la hipocresía.
Reconozcamos que hemos fallado cuando alguien nos amoneste de parte de Dios.
¡Qué sencilla es la palabra RECONOCER! Se lee igual de atrás hacia adelante, pero qué difícil es ponerla por obra.
Hoy tienes la oportunidad, como David, de reconocer tu estado.
No permitas que el orgullo te robe la oportunidad de ser restaurado. Recuerda que reconocer una falta no te hace menos; al contrario, demuestra que tienes la humildad necesaria para aceptar la verdad y el valor para cambiar.
No es necesario verlo, cuando tu mente ya ha divagado y tu imaginación ha llegado mucho más allá del presente…
Y me podré despedir de ti una y mil veces mas, pero seamos realistas, no sé como irme. Ni siquiera quiero hacerlo.
Si amas la soledad, es por que estás en camino a la felicidad, la soledad no es olvido, es la sensación de encontrar paz interior ✌🏻
Cuando te atreves a hacer aquello que te da miedo, empiezas a descubrir que eres capaz de lograr muchísimas más cosas que antes.
Si tienes claro hacia dónde vas, resulta mucho más sencillo diseñar los pasos necesarios para alcanzar el éxito cada día.
Ojalá nunca olvides lo mucho que vales, aún en los días que nadie te recuerda, en ocasiones somos feliz y sin darnos cuenta
No solo es dormir con alguien, muchas camas están ocupadas por dos personas, pero aún siguen están desocupadas




























