Ramón Labrador retweeted
Aprovada l’esmena @JaviGamez_ELA de la Llei ELA. El gladiador ho ha tornat a aconseguir!! Enhorabona, estimat! El teu coratge i dignitat no tenen límits.
Ramón Labrador retweeted
🟢Avui som a l’Arboç, actuant juntament amb @Minyonsdelarboc, @collavella i @JoveDeTarragona!
A primera ronda hem tornat a descarregar un 3d10fm!
#castellers
#castells
Ramón Labrador retweeted
Siempre se tiene en la mente, pero siempre se descarta. Ese pensamiento de "a ver si nos va a pasar algo, que nos esperan en casa" pero todos rápidamente lo sacamos de la cabeza (policías, guardias civiles, bomberos, sanitarios, UME, voluntarios de PC) D.E.P. HONOR Y GLORIA.
Ramón Labrador retweeted
Aquest dilluns, 27 de juliol, es compleixen 750 anys de la mort de Jaume I, que és enterrat a Poblet. Aquests dies se succeeixen els homenatges i les activitats en record del rei, com el que va fer ahir la Muixeranga de la Marina Alta
Ramón Labrador retweeted
🔴🔴 Dimecres tenim aquest partit….
Vital per un dels nostres
Omplim la biblioteca de Sils per fer costat al comissari @JaviGamez_ELA 🫶🏼
Ramón Labrador retweeted
El próximo miércoles día 22 de julio a las 19:30h en la biblioteca municipal de Sils, donde resido felizmente, presentaré, con la inestimable ayuda de la gran @punsix, a "Marquitos, un monstruo entre nosotros".
Una novela negra para quien disfruta desconfiando de los personajes.
Una novela negra donde la normalidad puede ser una máscara y cada gesto merece una segunda mirada.
Impreso amzn.eu/d/02qyKezS
Kindle amzn.eu/d/02kDHPYJ
Ramón Labrador retweeted

Albert Soler Bufí@albertsolerbufiJul 13
Spain
SpainConnected via Spain Android AppAccount-level information, not a live location or per-post device.
M'agradaria que @interiorcat prengués bona nota d'aquest agent a qui li paguem el sou, que es dedica a denigrar a les xarxes un barri de Catalunya. A mi no em deixa dir-li el que penso d'ell, cosa que parla molt del seu valor, a veure si els seus caps tenen més sort. Ànims
Ramón Labrador retweeted
Algunos libros se regalan para decir:
“Mira el tráiler, lee el libro y cuando lo acabes me avisas, que estoy deseando comentarlo contigo."
Marquitos, un monstruo entre nosotros puede ser uno de ellos.
Impreso amzn.eu/d/02qyKezS
Kindle amzn.eu/d/02kDHPYJ
Ramón Labrador retweeted
Cuando una comunidad autónoma dice que no puede
Conviene empezar por una obviedad que algunas administraciones parecen olvidar cada vez que una persona dependiente llama a la puerta:
La ley no es una muralla inexpugnable. La ley se interpreta. Siempre se ha interpretado. Sobre todo cuando existe voluntad política para hacerlo.
Y ahí está la cuestión, Sr presidente @salvadorilla y Sra consellera @monicambravo, no en el “no se puede”, sino en el “no queremos o no nos compensa”.
Ustedes saben bien, y perdonen mi insistencia o incluso si me repito, pero es que seguimos igual, que a pesar de la normativa estatal, las comunidades autónomas tienen un margen de actuación considerable.
Pueden modular el copago, pueden reducirlo o pueden dejarlo en la práctica a casi a cero, como bien han hecho.
También pueden decidir no deducir el complemento de gran invalidez o permitir determinadas fórmulas de contratación cuando con ello se protege mejor a la persona dependiente.
No hablamos de magia.
Hablamos de política.
El artículo 31 de la Ley de Dependencia, desde el momento en que habla de prestaciones de “análoga naturaleza y finalidad”, abre inevitablemente un espacio de interpretación.
No es un interruptor automático. No dice: apriete aquí, descuente allá y, sobre todo, procure no pensar demasiado.
La propia doctrina del Tribunal Supremo ha recordado que estos preceptos no pueden aplicarse con el piloto automático activado, sino valorando cada caso concreto.
Y el Tribunal Constitucional ha incorporado el principio pro homine: "entre varias interpretaciones posibles, debe escogerse la más favorable al ejercicio del derecho o a la protección de la persona beneficiaria."
Pero claro, interpretar a favor del débil tiene un problema evidente: cuesta dinero.
Y ahí empiezan los sudores fríos, las reuniones técnicas, los informes jurídicos, las excusas competenciales y esa maravillosa coreografía institucional en la que todos lamentan mucho la situación mientras nadie mueve un dedo con verdadera determinación.
Porque precedentes hay.
Y muy claros.
En 2012, el Gobierno del Partido Popular modificó la legislación sanitaria y dejó sin atención primaria y especializada a muchas personas, especialmente a extranjeros en situación irregular.
La competencia estatal estaba clara.
La norma era formalmente legítima.
Incluso acabó recibiendo respaldo constitucional en aspectos esenciales.
Y, sin embargo, ocurrió algo fascinante.
Las comunidades autónomas no gobernadas por el PP dictaron instrucciones, órdenes, decretos ley y todo tipo de artefactos jurídico-administrativos para esquivar aquella norma.
Y lo consiguieron.
Vaya si lo consiguieron.
Algunas normas autonómicas acabaron anuladas por el Tribunal Constitucional.
Pero el drama duraba poco.
Al día siguiente aparecía una nueva instrucción, una nueva vía, una nueva circular o algún subterfugio cuidadosamente envuelto en papel oficial para seguir prestando asistencia sanitaria.
El País Vasco de Patxi López fue uno de los ejemplos más claros de insumisión en sus orígenes.
Pero no fue el único.
Aquello fue una auténtica exhibición de creatividad jurídica, resistencia política y elasticidad normativa.
Una especie de festival autonómico del “cuando quiero, puedo”.
Y así estuvieron seis años.
Seis añazos.
Más de dos mil días riéndose de la ley estatal, del Gobierno central y de la supuesta imposibilidad jurídica.
Seis años manteniendo una atención sanitaria que costaba millones de euros.
Y conviene decirlo claramente: no digo que estuviese mal. Al contrario. Fue una decisión política y humanamente defendible.
Tanto o más lo sería la nuestra.
Por eso, lo llamativo no es que entonces se hiciera.
Lo que clama al cielo es que ahora, ante la dependencia extrema, la gran discapacidad, los cuidados en el entorno familiar y un colectivo bastante más vulnerable que aquél, de pronto se ponga en valor la sumisión y todo sean muros, candados, límites competenciales y señores con manguitos diciendo que “jurídicamente no es posible”.
Qué casualidad más bien traída.
Cuando se quiso garantizar asistencia sanitaria a miles de personas, se encontraron caminos.
Cuando se quiso resistir al Gobierno central, se encontraron fórmulas.
Cuando se quiso hacer política con mayúsculas, la ley dejó de ser una pared alta y empinada y se convirtió en una cómoda escalera con pasamanos y amplios descansos entre tramo y tramo.
Pero cuando se trata de personas con #ELA, dependientes extremos que necesitan ayuda hasta para respirar o familias exhaustas, entonces la ley recupera milagrosamente su dureza mineral y se muestra insalvable.
Entonces todo es imposible.
Entonces el artículo 31 es palabra revelada.
Entonces el complemento de gran invalidez se descuenta porque, por lo visto, la lógica administrativa también necesita alimentarse.
Entonces la contratación de una persona para cuidados en el entorno familiar ya no es posible. Quieren lo mejor para nosotros, dicen, pero nadie se ha preocupado por saber qué es lo que queremos.
Nadie acabó en presidio por aquellas insumisiones sanitarias. Nadie fue inhabilitado. Nadie acabó esposado por dictar una instrucción autonómica más favorable a las personas vulnerables.
Absolutamente nadie.
Así que quizá conviene abandonar de una vez la sonrisa impostada seguida de la ficción del “no podemos", mientras se apunta con el dedo acusador a la capital del Reino al mismo tiempo que se lavan las manos.
No, olvidemos esa fachada amable y caigamos en la cuenta de que cuando una comunidad autónoma dice que no puede, lo más probable sea que lo que realmente nos esté diciendo sea algo bastante menos noble:
“No nos compensa.”
“Sois pocos.”
“Tenéis poco futuro.”
“No sois un granero electoral interesante.”
“Servís para discursos, para fotos, para notas de prensa y para desgastar al rival político. Sin embargo, no me pidáis que vaya a la guerra por vosotros. Hay batallas que no vale la pena luchar. La vuestra es una de ellas.”
Y ésa, señor presidente y señora consellera, es la verdad incómoda.
La que no se quiere que trascienda:
La ley se estira cuando interesa; se interpreta e incluso se retuerce cuando conviene; se esquiva cuando hay voluntad; y se desafía cuando sobre el tapete hay en juego votos, relato o rentabilidad política.
Sin embargo, cuando quienes llaman a la puerta son personas enfermas, dependientes y cansadas, entonces la Administración descubre de repente una conmovedora pasión por la literalidad jurídica.
Qué hermosa vocación legalista.
Qué oportuna.
Qué selectiva.
Ramón Labrador retweeted
¡Buenas noches! #EjércitoDeTierraEsTuLugar 🇪🇸 ⚠️ ¿Te gustaría formar parte algún día del Mando de Operaciones Especiales del #EjércitoDeTierra? No es un camino fácil, pero incorporarte al Ejército de Tierra puede ser el primer paso.
📍 ¡No esperes al último día! Tienes hasta el 12 de julio para solicitar tu cita previa para el segundo ciclo de Tropa y Marinería de 2026.
Infórmate sobre:
✅ Cómo optar a una de las plazas ofertadas para el ingreso en el #EjércitoDeTierra.
✅ Formación, desarrollo profesional y posibilidades de promoción.
✅ Asistencia sanitaria, prestaciones y medidas de conciliación conforme a la normativa aplicable.
✅ Las claves de las nuevas pruebas físicas y del proceso de selección.
👉 reclutamiento.defensa.gob.es…
🔗 Conoce el MOE:
ejercito.defensa.gob.es/unid…
@reclutamientoES #SomosTuEjército 🇪🇸
Ramón Labrador retweeted
#BuenasNoches. El LXX Curso de Operaciones Especiales culmina en #Fuerteventura con su ejercicio final: «ALFANJE26».
✔️ Los alumnos han afrontado un escenario de alta exigencia, contando con el apoyo de unidades de la #BrigadaCanariasXVI @MCANA_ET, que actuaron como fuerzas de oposición, contribuyendo a generar un entorno de instrucción realista y orientado a la preparación operativa.
✔️ El Curso de Operaciones Especiales representa uno de los cursos más duros y exigentes del #EjércitodeTierra. 🪖
👉 ¿Quieres saber más sobre la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales #EMMOE_ET?
🔗 ejercito.defensa.gob.es/unid…
📸 No te pierdas las imágenes. Síguenos y comparte para conocer más sobre la preparación de nuestras unidades.
@MADOC_ET #SomostuEjército 🇪🇸
Ramón Labrador retweeted
Dicen que las relaciones de pareja se enfrían con el tiempo.
No es nuestro caso.
Doña #ELA y yo seguimos muy acaramELAdos. Ella es de esas parejas que te abrazan —casi te ahogan— aun bajo un sol de canícula.
Hay tanto amor, que hoy, #DiaMundialELA, quiero dedicarle estos versos.
🤖 Made with AI
Mi particular Cenicienta para despertar conciencias #DíamundialELA [QUE CORRA]
CinderELA y el baile de los cuidados
Érase una vez, en un reino muy moderno, muy justo, muy social y muy dado a poner palabras bonitas en los pergaminos, una muchacha llamada CinderELA.
CinderELA vivía en una casucha pequeña, con goteras en invierno, calor en verano y facturas todo el año. No era perezosa, ni caprichosa, ni de esas princesas que se desmayan porque una abeja les roza el mentón. No. CinderELA era fuerte por obligación, paciente por cansancio y valiente porque no le quedaba otro remedio.
Tenía una enfermedad cruel, de ésas que no piden permiso para entrar y que, cuando entran, se sientan en la mesa, se comen el pan, apagan la lumbre y encima preguntan qué hay de postre.
CinderELA necesitaba cuidados. Muchos cuidados. Para levantarse, para asearse, para respirar, para comer, para seguir viva sin convertir cada día en una escalera imposible.
No era un día cualquiera. En aquel reino se había anunciado un gran baile en palacio.
—¡El príncipe Cuidador ha abierto sus puertas! —gritaban los heraldos por las plazas—¡Quien lo necesite podrá aspirar a recibir ayuda, atención y compañía!
El príncipe Cuidador —que debía su nombre a su padre y antes que a éste a su abuelo— era muy nombrado en canciones, discursos y promesas. Decían que tenía manos firmes, mirada limpia y una extraña costumbre: ayudar a quienes no podían más.
CinderELA escuchó la noticia con el corazón encendido.
—Tal vez —susurró—. Tal vez esta vez sí.
Así que, con las pocas fuerzas que tenía, se cosió un vestido.
No era de seda. No era de encaje. No llevaba perlas ni diamantes. Estaba hecho con retales de esperanza, puntadas de paciencia y un dobladillo de fe e ilusión remendada. En el pecho llevaba bordada una palabra pequeñita: dignidad.
Pero en aquella casa mandaba GovernILLA, una señora muy solemne, muy peinada, muy amiga de las declaraciones institucionales y muy partidaria de abrazar a los pobres siempre que éstos no hicieran alarde de la fea costumbre de pedir algo concreto.
La madrastra tenía dos hijas predilectas: Estel Ada y Empoderada.
A Estel Ada le encantaban los pactos sobre fondo amarillo, las promesas con letra pequeña y los silencios bien colocados.
Empoderada, por su parte, llevaba siempre una cesta llena de buenas intenciones, pero cada vez que alguien le pedía pan, sacaba un manifiesto en su lugar.
—Madre —dijo Estel Ada—, CinderELA quiere ir al baile.
—¿Al baile? —repitió Empoderada, llevándose una mano al pecho—. Qué bonito. Qué inclusivo. Qué transformador.
GovernILLA miró a CinderELA de arriba abajo.
—Claro que puedes ir, querida. En este reino de las personas, de todas y para todos nadie se queda atrás.
CinderELA sonrió.
Pero la sonrisa le duró poco.
—Solo tienes que pagarme cinco maravedíes de plata—añadió la madrastra.
CinderELA palideció.
—¿Cinco maravedíes? Pero si son casi todo lo que tengo.
—No exageres, CinderELA —dijo GovernILLA, con esa voz de quien nunca ha tenido que elegir entre pagar el alquiler o comprar medicinas—. No es nada.
—Para vos quizá no.
—Además —continuó la madrastra—, si te ganas las atenciones del príncipe tendrás los mejores cuidados. Te lavarán, te vestirán, te alimentarán, te moverán, te acompañarán. Ya verás qué bien.
—Precisamente por eso necesito ir —respondió CinderELA—. Pero si os doy esos cinco maravedíes perderé la casa, no podré subsistir y de nada me servirán los cuidados.
GovernILLA suspiró, como suspiran los poderosos cuando los débiles tienen la mala educación de explicar la realidad salpicando sus miserias sobre sus lustrados zapatos.
—Ay, hija, qué dramática eres.
—No es drama. Es contabilidad de necesitada.
CinderELA sacó una bolsita gastada y mostró sus escasas monedas.
—Con estos maravedíes pago al casero para no perder mi casa. Compro comida para mis mascotas, que son como mis hijos. Pago al mozo que trae alfalfa para mi viejo corcel. Compro aceite para los candiles, leña para el fuego y medicinas para respirar. Si os doy cinco maravedíes, no me quedará aire, ni techo, ni luz, ni calor. ¿Acaso no me veis? Mi cuerpo ya ha ahorrado en carne por las privaciones. ¿Qué más puedo hacer?
Estel Ada miró hacia otro lado.
Empoderada murmuró algo sobre crear una comisión de seguimiento o de seguimiente, aún no había decidido cómo llamarla.
La madrastra, en cambio, sonrió con la ternura del recaudador de impuestos que se relame al ver la opulencia de un contribuyente.
—Querida CinderELA, debes entender que el reino tiene normas y que estamos obligados a cumplirlas.
—¿Y las normas entienden que yo me ahogo?
—Las normas no están para entender. Están para aplicarse.
Entonces GovernILLA agarró el vestido de CinderELA.
—Este traje está lleno de expectativas indebidas.
—Está lleno de ilusiones —replicó la joven—
—Eso mismo. Muy peligroso.
Y, zas, rasgó una manga.
—Esto por confiar demasiado.
Zas, arrancó el dobladillo.
—Esto por creer que un derecho sirve de algo si no puedes pagarlo.
Zas, tiró del bordado donde ponía dignidad.
—Y esto porque en palacio esa palabra queda muy bien en los discursos, pero mancha mucho los presupuestos.
CinderELA recogió del suelo los pedazos de su vestido. Allí estaban, mezcladas, sus esperanzas, sus planes, sus pequeños futuros. Todo hecho trizas.
—No llores —dijo Empoderada—. Estamos contigo si deseas hacer una sentada reivindicativa.
—¿Me ayudáis entonces?
—Estamos contigo emocionalmente, en espíritu.
—¿Y materialmente?
Empoderada miró a Estel Ada.
Estel Ada, silbando, miró a su madre.
GovernILLA miró el reloj.
—Se hace tarde para el baile.
Y las tres se marcharon en una carroza oficial, tirada por caballos alimentados con partidas presupuestarias, mientras CinderELA volvía a su casucha con el vestido roto entre los brazos.
Aquella noche, el frío entró por las rendijas como un cobrador impaciente.
CinderELA intentó encender el candil, pero quedaba poco aceite. Intentó avivar la lumbre, pero quedaba poca leña. Intentó respirar hondo, pero el pecho le respondió con un crujido.
El disgusto hizo mella en su cuerpo frágil. No era solo tristeza. Era cansancio acumulado remando para llegar a una costa que, siempre que se acercaba, se acababa alejando de nuevo. Era rabia tragada. Era ese tipo de agotamiento que no sale en los folletos, porque queda feo al lado de los logos institucionales.
CinderELA cayó en la cama sin fuerzas.
—Solo quería ir al baile —susurró—. Solo quería cuidados.
Entonces, entre sollozos, ocurrió algo extraño.
El quicio de la puerta se iluminó de golpe. Primero fue una línea dorada. Luego un resplandor suave. Después, toda la habitación quedó bañada por una luz blanca y silenciosa.
CinderELA, casi sin poder abrir los ojos, vio una figura junto a la puerta.
—¿Sois mi hada madrina? —preguntó con un hilo de voz—. ¿Venís a llevarme al baile?
La figura se acercó despacio.
—Sí, vengo a llevarte conmigo.
CinderELA intentó incorporarse. No pudo.
—Pero no tengo vestido. Lo hice con todas mis ilusiones y la poca esperanza que me quedaba, pero mi madrastra lo rompió en mil pedazos.
—No te preocupes —respondió la figura—. No te va a hacer falta.
—Pero no puedo ir al baile con estos harapos mugrientos.
—No vamos al baile.
CinderELA sintió que el ambiente se tornaba más frío y vio cómo una nube de vaho se formaba al exhalar el poco aire que sus maltrechos pulmones podían albergar.
—¿Y adónde me lleváis, hada?
La figura guardó silencio un instante.
—Tampoco soy tu hada. Soy la muerte y vengo a llevarte conmigo.
CinderELA abrió los ojos cuanto pudo.
—¿La muerte? Pero aún no es mi hora. Me quedan cosas por hacer. Me queda gente que me quiere. Ni siquiera he podido despedirme.
La muerte se sentó a su lado.
No llevaba guadaña. No hacía falta. A veces la muerte no viene con filo, sino con expedientes, demoras, deducciones y silencios.
—Lo sé —dijo—. Sé que aún no es tu hora.
—Entonces no me llevéis.
—No creas que no he intentado ayudarte para evitarlo.
CinderELA la miró, confundida.
—¿Vos?
—Yo misma. Aquella vez que el rey Sanchillo vino a esta mansión para ver a tu madrastra, te hice desvanecerte ante sus ojos para que comprendiera la urgencia. Pensé: “Ahora lo verá. Ahora entenderá que no se gobierna la vida de los frágiles con promesas de sobremesa”.
—¿Y lo entendió?
La muerte bajó la mirada.
—Vio. Eso sí. Ver, vio. Pero algunos miran el dolor como quien mira la lluvia desde un balcón cubierto. ¡Qué pena!, dicen, viendo cómo otros se mojan mientras a ellos no les roza ni una gota de agua.
CinderELA cerró los ojos.
—También te hice toser delante de tu madrastra en no pocas ocasiones —continuó la muerte—. Quise despertar su compasión. Pensé que, al verte sin aire, recordaría que gobernar no consiste en encontrar obstáculos, sino en retirarlos.
—¿Y la despertasteis?
—Desperté su agenda. Su compasión siguió durmiendo a pierna suelta. O fue así, o simplemente carece de ella.
La habitación quedó en silencio.
Fuera, desde algún lugar lejano llegaba la música de palacio. Se oían las risas de los invitados y los brindis de los cortesanos. El príncipe Cuidador, mientras tanto, esperaba sin saber que a muchas CinderELAs les habían querido cobrar la entrada a precios impeditivos antes de dejarlas llegar.
—No quiero irme —dijo CinderELA—.
—Lo sé. A mí tampoco me apetece llevarte conmigo.
—No quiero que digan que la enfermedad me venció.
La muerte apretó los labios.
—Entonces habrá que decir la verdad.
—¿Cuál?
—Que no siempre mata solo la enfermedad. A veces mata también la demora. Mata la letra pequeña. Mata el cálculo frío. Matan el copago y las deducciones disfrazados de gestión y de obligación inexcusable. Mata esa costumbre de convertir una ayuda en una carrera de obstáculos para quienes ya no pueden correr y aún menos saltar.
CinderELA respiró con dificultad.
—¿Y mi madrastra?
—GovernILLA dirá que hizo lo que marcaban las normas y apuntará su dedo acusador al rey Sanchillo.
—¿Y qué dirá éste?
—Lamentará profundamente tu pérdida, señalará a GovernILLA lavándose las manos y se despedirá de los presentes diciendo solemnemente: “son las cinco y no he comido”.
—¿Y sus opositores en la corte?
—Alzarán el grito al cielo, se rasgarán las vestiduras y pedirán responsabilidades mientras se frotan las manos y se relamen secretamente.
—¿Y Estel Ada?
—Dirá que si la solución hubiese dependido enteramente de ellas, como ya hace tiempo que reclaman… Y devolverá así la pelota a la capital del reino.
—¿Y Empoderada?
—Dirá que hay que abrir un debate profundo para alcanzar el consenso.
CinderELA soltó una risilla nerviosa, quebrada y dijo casi en susurro:
—Tanto nadar salvando temporales para acabar muriendo en la orilla. ¿No te parece que nos ha quedado un cuento con un final muy feo?
—Todos lo tienen cuando quien gobierna cuida más sus arcas que las personas. Cuando derrocha en nimiedades y regatea hasta el último céntimo a quien llama desesperado a su puerta.
La muerte se levantó.
—Ven, CinderELA.
—¿Me dolerá?
—Mucho menos que tener que pedir ayuda y descubrir que también te cobran por necesitarla.
CinderELA bajó la mirada hacia su vestido roto. En el suelo había quedado un pedacito de tela. Aún podía leerse una palabra: dignidad.
No estaba entera, pero seguía allí.
A la mañana siguiente, GovernILLA ordenó publicar un bando.
“Lamentamos profundamente lo ocurrido. Este gobierno está comprometido con las personas vulnerables. Seguiremos trabajando para que nadie se quede atrás.”
Estel Ada añadió una frase sobre responsabilidad institucional.
Empoderada propuso una mesa de diálogo con mantel inclusivo.
Y en palacio, el príncipe Cuidador siguió esperando a muchas CinderELAs que nunca llegaron. No porque no quisieran bailar, sino porque alguien les había cobrado la esperanza en la puerta.
Desde entonces, aquel reino celebra el Día de la Vergüenza cada día 31, en honor al artículo nefasto que para unos era una muralla y para otros una simple zanja que podían saltar sin mojarse los zapatos.
Un párrafo pequeño, gris, administrativo, pero escrito lo bastante alto como para separar territorios, derechos y vidas.
Y cada vez que un reino lo aplique, su nombre aparecerá escrito en aquella pared tan infame como invisible. No con tinta. Con vidas.
Y colorín colorado, este cuento no se ha acabado.
Porque mientras haya una CinderELA encerrada en su casucha, contando maravedíes para poder respirar, ningún reino podrá llamarse justo sin que se le caiga la corona de vergüenza.
Javier Gámez Martín
Ramón Labrador retweeted
Respecto a este comunicado, hace la friolera de 12 años se denunció la mala praxis en la utilización de ordenadores y programas piratas!🤷🏼♂️ sap-me.cat/sapmeweb/article/…
Ramón Labrador retweeted
☀️ #Buenosdías. El Mando de Operaciones Especiales #MOE finaliza el «EXGALERNA26»‼️
🛡️ Los equipos del #MOE han perfeccionado sus capacidades en ambiente marítimo, detección de explosivos con apoyo K-9, abordajes de embarcaciones, reconocimiento especial y acciones de «Close Quarters Battle».
🌗 Las operaciones nocturnas han puesto a prueba la coordinación y precisión de las unidades mediante inserciones y extracciones tácticas, apoyadas por equipos caninos K-9 y sistemas RPAS 🛰️.
🔥 ¡No te pierdas el 📹! #SomostuEjército 🇪🇸
Ramón Labrador retweeted
Veiem per primera vegada la torre de Jesucrist il·luminada!
L'espectacle de llum iniciat des de la base fins a la il·luminació de la creu ha culminat amb una composició de llums guiats per drons, que han dibuixat la figura Gaudí i la frase «primer l'amor, després la tècnica».





























