Cuando un hermano se equivoque, no lo señales; ayúdalo a levantarse.
La palabra de Dios nos llama a restaurar con mansedumbre, recordando nuestras propias debilidades.
Recuerda cómo Dios manifestó su poder, cómo te protegió y te ayudó. Hoy también puedes sentirte firme y seguro en el: él es la roca en la cual te puedes volver a refugiar.


