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Lula no es santo de mi devoción
Con Venezuela nos traicionó. Maduro fue quien más lo respaldó cuando lo encarcelaron en 2018 mediante el lawfare de Lava Jato, un proceso amañado por el que terminó condenado e inhabilitado políticamente. Después, Lula no movió un dedo por Maduro. Bueno, sí movió los dedos, pero en su contra.
Peor aún, torpedeó la entrada de Venezuela a los BRICS, cerrándole una vía para reducir su dependencia financiera de Occidente y estrechar lazos con Pekín. Quizá así se habría evitado incluso el bombardeo del país por los gringos y el secuestro de su presidente.
Detrás de esa decisión pudo haber un pacto con Washington o el interés de Brasil por preservar su supremacía regional. No lo sé. Lo cierto es que la tibieza de un Lula descafeinado ha dejado una huella negativa en nuestro continente.
Pero mi balance de Lula no puedo quedarme en sus traiciones y limitaciones. Me toca actualizarlo.
Para dimensionar su victoria, debemos repasar el contexto regional: una derecha envalentonada, derrotas sucesivas del campo popular y una ofensiva de injerencia, fraude y guerra cognitiva que parecía avanzar sin resistencia.
En Argentina 🇦🇷, Milei llegó al poder convirtiendo el malestar social en combustible para la extrema derecha mediante una maquinaria mediática de guerra cognitiva capaz de moldear el sentido común.
En Chile 🇨🇱, Kast avanzó tras el gobierno de Boric, cuya moderación terminó siendo funcional al imperialismo.
En Bolivia 🇧🇴, Rodrigo Paz, un español, capitalizó el desgaste de Arce y Evo Morales, agravado por sus disputas internas.
En Colombia🇨🇴, De la Espriella, ciudadano estadounidense, y en Ecuador🇪🇨, Noboa, nacido en Estados Unidos, representan candidaturas vinculadas a un escenario de estrechos y descarados lazos con EEUU.
En Honduras 🇭🇳, Asfura ganó con el respaldo público de Trump, quien volvió a jactarse de la intervención estadounidense.
En Perú 🇵🇪 y Paraguay 🇵🇾, Keiko Fujimori y Santiago Peña forman parte de ese mismo panorama de oligarquías alineadas con los intereses gringos.
Aunque cada país tiene su propia dinámica, estos procesos no son fenómenos aislados. Detrás operan redes políticas, económicas, mediáticas y tecnológicas que conectan a las derechas nacionales y articulan una ofensiva regional.
Las redes de Fernando Cerimedo y La Derecha Diario, por ejemplo, extienden su influencia por distintos países. A esto se suma la capacidad de los conglomerados mediáticos y las plataformas digitales, como Meta, para condicionar la circulación de información, amplificar determinados discursos y manipular la conversación pública.
También intervienen las iglesias evangélicas sionistas, cuyo modelo de movilización electoral, inspirado en el Partido Republicano y los televangelistas, tuvo un papel importante en el continente y, particularmente, en Brasil, al movilizar el voto evangélico a favor de Bolsonaro.
Esta convergencia tiene, además, una dimensión tecnológica y militar. La influencia del sionismo y sus vínculos con estructuras de poder estadounidenses deben analizarse también en relación con las tecnologías de vigilancia, inteligencia artificial y ciberseguridad, así como con su posible utilización en procesos electorales.
Las experiencias de vigilancia y guerra tecnológica en Palestina muestran hasta dónde pueden llegar estas capacidades. La cercanía política que Flávio Bolsonaro ha exhibido con Netanyahu ilustra, además, la convergencia entre sectores de la derecha latinoamericana y el Gobierno israelí. La intervención tecnológica del sionismo en los sistemas electorales constituye otro frente de esta disputa.
A todo esto se sumaban, en Brasil, las casas de apuestas, los conglomerados mediáticos capaces de intervenir en el deporte y en la formación de la opinión pública, y las plutocracias empresariales y mediáticas ante las que los progresismos suelen mostrarse demasiado condescendientes.
En resumen, el cóctel que doblega a América combina la injerencia de Washington, la desinformación con IA, las redes digitales de propaganda, las tecnologías de fraude sionistas, la superioridad de recursos del fascismo —millonadas de dólares— y la incapacidad de los gobiernos progresistas para defenderse en los terrenos político, cultural y comunicativo.
Las sociedades de la democracia liberal burguesa no votan al margen de las relaciones de poder. De ahí la disputa con los grandes capitales, las redes y las estructuras que trabajan para inclinar la balanza.
Mientras la derecha perfecciona sus mecanismos de organización, propaganda e intervención, buena parte del progresismo sigue siendo demasiado condescendiente con los poderes económicos y mediáticos y demasiado débil en la construcción de alternativas propias.
Esa maquinaria de fraude, de trampa y de ladrones es la que hay que vencer. Y esta vez no pudo contra Lula.
Lula ganó por un margen estrecho, en un escenario en el que los pronósticos eran reservados y muchos apuntábamos a un desenlace parecido al colombiano.
En Brasil🇧🇷, en el plano nacional, para mí Lula es un crack y tiene mi respeto completo.
En el plano internacional, en cambio, sigue siendo el que nos falló. Las dos cosas son ciertas. Reconocer una no obliga a borrar la otra.
Brasil es medio continente en términos de peso político y económico, y veníamos de una racha terrible para el campo popular. La victoria de hoy es alentadora.
Que esa diabólica maquinaria pueda frenarse cambia el ánimo de toda la región. Brasil demostró que la derrota no es inevitable, que la derecha no tiene garantizado el triunfo y que la correlación de fuerzas se puede disputar.
Pero eso no se consigue con buenos discursos ni esperando que la gente, por sí sola, termine dándose cuenta de quién tiene enfrente.
La guerra cognitiva se enfrenta con radicalización, debate, movilización masiva, organización política, formación de conciencia y capacidad para disputar el sentido común.
No debemos resignarnos. Ojalá México🇲🇽 lo entienda a tiempo.
Sobre Colombia, pensaba que incluso con Petro al frente habríamos podido perder, porque la maquinaria es brutal. Cepeda me pareció demasiado tibio e insípido para la magnitud de la disputa. Aun así, y con lo visto en Brasil, ahora creo que una movilización en todos los frentes, como la que hizo Lula, acompañada de mayor confrontación y cierta radicalización, habría permitido evitar que el "matagatos", Abelardo, se nos subiera al poder.
No basta con tener razón ni con representar, al menos en el discurso, los intereses populares. Hay que construir la fuerza social capaz de defenderlos y convertirlos en una mayoría política.
Finalmente, la experiencia de Lula plantea, además, una pregunta de fondo para la izquierda latinoamericana:
¿Hasta dónde puede llegar un proyecto emancipador que busca transformar la sociedad sin confrontar las estructuras económicas que reproducen la desigualdad?
El problema del reformismo no está en cada concesión táctica, sino en convertir la conciliación con las clases dominantes en una estrategia permanente.
Cuando eso ocurre, como dice @jonathanconth, la democracia liberal se limita a gestionar el capitalismo en lugar de construir las condiciones para superarlo.
Esa es una de las lecciones que la izquierda debería sacar de su propia historia.
De lo contrario, estaremos eternamente en la misma paridera del péndulo "izquierda"-derecha: celebrando una victoria que no transforma las condiciones de fondo y lamentando después el regreso de quienes nunca dejaron de tener el poder real.
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Una clínica privada le convence para dejar la quimio y tratar su cáncer con vitamina C. El cáncer se hace más grande.
Qué lástima todo.
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"Nuestro pais está ganando cientos de miles de millones de dólares por lo que estamos haciendo (bombardear) en Oriente Medio... los titulares dirán que no me importa el sufrimiento de la gente mientras gane dinero, me importa un carajo".
El ladrón capitalista de Trump admite que le importa un carajo que la gente sufra mientras él y los 4 parásitos de la oligarquía se llenen los bolsillos con dinero manchado de sangre inocente de Oriente Medio.
Hay que reconocer solo una cosa a Trump, retrata a la perfección lo que siempre ha sido el capitalismo y el imperio, un amasijo de criminales sin escrúpulos que amontonan dinero y cadáveres de igual manera.
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Obrigado, povo brasileiro!
📸 @ricardostuckert
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Este sujeto no merece ser presidente de un país democrático diciendo lo que dice
📺 TV EN DIRECTO | Feijóo dice que la izquierda se está "resistiendo a abandonar el poder con violencia". "Los discípulos del muro no quieren paz en las calles. Ya lo advirtieron. Están sembrando el odio porque saben que van a perder" tinyurl.com/4v8t9y6d
Un ejército adolescente en deportivas blancas y chándal negro eldiario.es/129_cf9b91?utm_c… a través de @eldiarioes
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El titular es precioso.
Se entiende mejor si se sabe que Mauricio Casals, Presidente de La Razón y de Atresmedia es vicepresidente de la Fundación Quirónsalud y hombre de Planeta.
Poca broma con esta gente, como bien puede explicar Cifuentes
🏛️ Mónica García, un saco de odio que busca vivir de lo público larazon.es/salud/monica-garc…
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El exfutbolista Mesut Özil ha acusado a la FIFA de hipocresía y doble rasero por no tomar ninguna acción contra los genocidas de Israel.
Histórico Real Madrid: bate el récord de triples ACB en un recital ofensivo nunca visto marca.com/baloncesto/acb/202…
La afición del @FCBarcelona pitando a @cucurella3... estos qué, son igual de tontos que los alemanes?
La locura definitiva de Doncic: ¡la mete desde más de 28 metros! marca.com/baloncesto/nba/202…
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"Este señor (Feijóo) cada vez que interviene, es para hacer el ridículo"
ATENCIÓN
Magnífico Patxi López ⬇️




















