Hoy una señora detuvo su auto pidiéndome la ubicación de una calle. Recordé aquellos buenos tiempos sin internet, cuando un breve momento como este era bueno para socializar, y mientras pensaba en esto, la señora se enojó y aceleró su coche.
De todos modos nunca me sé las calles.
Las rebanadas de pizza, deben entender quién manda: si se te cae una rebanada al suelo, levántala con mucha rudeza y clávale una fuerte mirada, ponle salsa de la más picosa y dale mordidas lentamente. ¡A ver si se les ocurre caerse a las demás pendejas!
En fin, en este confinamiento descubrí que la comida ha sido, es y será mi mejor compañía. Nada me faltará.
El GPS me aconseja ir por una calle en sentido contrario. ¡¿Así que ya llegó el tan mencionado día en que las máquinas intentarán matarnos, maldito profeta Schwarzenegger?!
– Amor, ¿sabías que durante el parto la mujer crea un vínculo tan grande y absoluto con sus hijos, que nadie puede reemplazar ya nunca más?
– ¡No te hagas pendejo! ¡Hoy te toca llevarlos a la escuela!
Mi vecino se cambió de casa, y con él se fue parte de mí: un horno eléctrico, platos, cubiertos, un jarrón, unos videojuegos, el Wi-Fi... y varios mentadas de madre.
Creo que todos estos meses sin estar en Twitter por estar en el Gym, han empezado a dar frutos. Ya puedo abrir los frascos de mayonesa.
En algún momento de nuestra vida, uno aprende a mantener alejadas a las personas que evitan beber el agua fría.

